
Una de las respuestas al texto anterior.
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En alusión a la “opinión-aportación” de las individualidades de Barcelona.
Saludos compañeras.
Soy chico, anarquista, uno de los dinamizadores del taller y tengo unas ganas imparables de que las personas nos construyamos libres y podamos disfrutar de nuestros deseos.
Escribo esta carta desde la urgencia con la intención de conciliar y seguir luchando junt@s lo antes posible. Creo que, desde el respeto, podemos avanzar mucho.
Subrayo que sólo soy una persona y la responsabilidad de estas palabras es sólo mía. No represento a nadie más que a mí.
Entre otras cosas lo digo porque mis compañer@s están bastante más cabread@s que yo y mi suavidad no se corresponde con su estado emocional, aunque sin embargo suscriben y apoyan lo que aquí enviamos.
Haré algunas anotaciones previas:
1º) Sabíais perfectamente cómo haber solucionado todo esto por otras vías menos públicas y desde luego con otros modos menos ofensivos. Valoramos el debate como algo necesario y nos alegramos de ello, pero vamos a tratarnos bien porque si no, vamos a conseguir mierdas.
2º) Recuerdo que además de la omnipresente perspectiva de género existen otras perspectivas que persiguen también la liberación de mujeres y hombres.
Inferiorizar la capacidad mental/actitudinal de las personas por el hecho de tener posiciones diferentes a las vuestras es feo: “nos encontrábamos delante de personas con una falta de autocrítica”, ello “nos insinuó cual era la mentalidad de la gente que organizaba el acto”, “cada una sabe perfectamente cuál es el nivel en que ha trabajado todo esto”…
Lo siento, no os voy a seguir el juego.
3º) Desde quienes fuimos ponentes o participamos en la organización del coloquio “de lo erótico y lo anarquista” consideramos que ese encuentro tuvo unos aspectos muy positivos y otros sobre los que no se supo desarrollar todas las potencialidades de la discusión colectiva o bien aspectos de lo planteado e ideas que resultaron redundantes.
Nos quedamos con lo bien que se lo pasaron y el buen ambiente que se creó dentro de casi todos los grupos que hicieron la dinámica y con visualizar puertas abiertas para poder reflexionar sobre cuestiones eróticas desde muchas ópticas distintas.
4º) Efectivamente hablábamos de nuestra realidad. Lo dijimos unas cuantas veces. Nos sentimos preparad@s para dejar de mirarnos con miedo y poder empezar a mirarnos con deseo. Sabemos que cometeremos errores y queremos aprender de ellos, pero no renunciaremos al placer. Vosotras veréis qué hacéis.
5º) El formato taller sirve para no tener que decir verdades absolutas, para que cada un@ saque sus propias conclusiones. Eso es lo más valioso. Muchas personas han contactado por vías menos públicas con muy diversas opiniones. Esto nos enriquece y estamos deseando participar en cualquier otro espacio de reflexión-debate.
6º) Sobre el incidente, alguien tiene algo que deciros:
“Lo de la persona a la que se le echó y que la organización no se posicionase es directamente falso. Una mentira insultante. Lo que decís solo puede ser consecuencia de un malentendido no aclarado o peor aun esta falsedad trata de convertirse en argumentación pero que se desquebraja como un cuerpo corrompido por gusanos. Lo teníais muy fácil para saber qué había sucedido, bastaba preguntar a la organización, pero la realidad no os hubiera servido para desprestigiar públicamente a las personas que eran ponentes. Esta mentira nos produce entre pena y asco, pena por la miseria de relaciones que crea, asco por lo sucio de una estrategia así para dañar, herir personalmente a unos y unas compañeras que desde la honestidad se mostraban públicamente para tratar de avanzar en las luchas”
7º) Decíais: "Creemos que jugar al juego de todo vale, porque somos muy libres y nos lo hemos trabajado un montón es bastante peligroso”. Sobre esto y algunas cosas más hablaré a continuación.
Podéis seguir leyendo o quedaros aquí.
Lo que sigue tratará del contenido y los conceptos de vuestro texto.
En cualquier caso, estas son mis últimas palabras desde el enfrentamiento.
Renuncio a colapsar este medio para lanzarnos mierda.
Es necesario el debate desde la honestidad: darnos permiso para convencer y dejarnos convencer sin dejar de pensar, viéndonos como compañer@s y no como enemig@s.
Dejo aquí otra vía de contacto:
otrasformasdehacernoslibres (at) gmail.com
Salud y besos (para quién los quiera, por supuesto).
Un mostoleño.
¿Miedo a lo Erótico?
¿Miedo a nuestros deseos?
El taller se llamaba “De lo Erótico y lo Anarquista”.
Se llamó así porque quisimos hablar de deseos, algo que por desgracia no se suele hacer desde lo positivo, desde sus potenciales (tampoco lo logramos completamente aquel día, aunque algunos de los grupos sí pudieron disfrutarlo… ¡¡bien por ell@s!!).
Entiendo por anarquista una persona que quiere ser libre y respetada. Si hablamos “de lo erótico y lo anarquista” entiendo por ello:
Deseos ENCARNADOS (es decir, deseos metidos bajo la piel) en personas que sólo saben expresarlos y recibirlos desde el respeto.
Dadme permiso para ser ingenuo: me gusta confiar en mis compañer@s. Ya sacaré las uñas si me faltan el respeto o se lo faltan a algún/a compañer@. Por el momento acaricio con la parte más suave de mis dedos.
La idea era empezar a conocernos más. Explorar más nuestros propios deseos. Explorarnos con ilusión para gozarnos desde el respeto.
Queremos evitar tener que vigilarnos, relacionarnos como personas que se temen, que se ven como amenazas cuyo objetivo principal es detectar la falta de respeto, detectar esos comportamientos “sutiles y a veces no tan sutiles”, como decís. Queremos evitar estas premisas porque el centro de atención siempre será el PELIGRO.
Yo persigo que el deseo, la convivencia, el placer y la satisfacción sean el objetivo principal cuando hablamos “de lo erótico”. Que sean prioridades y no algo accidental, no algo que se produzca por casualidad. Y entendemos que para esto es imprescindible el respeto y empezar a hablar de nuestros deseos.
Todo lo que escribiré lo haré desde la piel, desde mi primera persona. Así entiendo mejor las cosas… cuando el tema del deseo se abstrae demasiado corremos el riesgo de no saber ya ni de lo que estamos hablando.
Yo soy chico y siento deseos hacia otras personas.
¿Cómo puedo disfrutar con otras personas desde el respeto?
Sabiendo que esa otra persona tiene deseos propios (seguramente diferentes a los míos) y concediéndoles la misma legitimidad que a los míos.
Esa persona es para mí objeto de mis deseos.
Yo (sujeto) deseo (verbo) a Sara (objeto).
-efectivamente, tengo tendencia hetero-
Si actúo sólo en base a esta frase podría cometer graves faltas de respeto (cosificando a Sara) o podría no llegar a ligar nunca con ella.
Por eso tenemos que hablar de deseos, de personas deseadas y de personas deseantes para ver que la cosa no se queda ahí, y que como mínimo hay otra realidad más:
Sara (sujeto) ¿me desea? (verbo) a mí (objeto).
En un encuentro erótico somos sujetos deseantes y objetos de deseos al mismo tiempo. No somos mercancía, no somos cosas, es decir, no somos simplemente objetos de deseos, sino que también somos seres cargados de deseos propios. Seres que se desean por supuesto con cuerpo incluido (y también deseado).
De mi habilidad social dependerá el grado en que reconozca los deseos de Sara o poder creárselos yo para lograr convertirme en OBJETO DE SUS DESEOS (lograr que Sara me desee a mí).
De la habilidad social y de la asertividad de Sara dependerá el grado en que ella me exprese su interior y de mi empatía el darme cuenta de ello.
No hay duda: para acabar con el patriarcado hay que educar en asertividad (ser capaz de expresar lo que deseas y lo que no, cómo lo deseas, etc.) y en empatía (ser capaz de ponerte en la piel de la otra persona).
Pero no quedarnos ahí, ya que como seres humanos nos deseamos y necesitamos expresar nuestros deseos. Habrá que autoeducarnos también en deseos, en cuestiones ERÓTICAS.
Es necesario el RESPETO para disfrutar en LIBERTAD reconociéndonos como personas diferentes.
Y para poder ser LIBRES es necesaria la AUSENCIA DE MIEDOS.
Si mi objetivo en este momento es ligar con Sara –esto no tiene nada malo, ¿no?- tendré que ingeniármelas para no cagarla. Si le acoso, si no soy hábil en mi seducción, no sólo no voy a lograr ligar con ella sino que estoy haciendo sentir incómoda a la persona que deseo. Como hombre que soy con deseos propios tendré que intentar aprender a ligar… ¿se habla de esto en los entornos anarquistas?, ¿es ingenuo querer aprender esto? ¿nacemos sabiendo ligar? ¿dónde lo aprendemos?... parece una propuesta tonta, ¿verdad?, sin embargo, se nos da de órdago enseñar y aprender a detectar babosos, a detectar acoso, a detectar abusos, a detectar siempre siempre siempre víctimas y agresores.
Los talleres tuvieron y seguirán teniendo el objetivo de EMPEZAR A APRENDER A DESEARNOS LIBREMENTE y a esto al menos a mí no me han enseñado con claridad ni en la escuela, ni en la calle, ni en la okupa.
Para desear desde la libertad es imprescindible el respeto.
Sabemos que las faltas de respeto existen. Por supuesto.
Hemos aprendido que hay que responder a las agresiones. Por supuesto.
Lo haremos individualmente o si es necesario colectivamente. Desde luego.
No hay duda de que es necesario responder, al igual que es necesario saber que las personas tenemos la capacidad de aprender de nuestros errores. Hemos de cuidar de l@s nuestr@s: cuidar de la persona agredida y sancionar a la persona que agrede (a menos que lo resuelvan entre amb@s). Así mismo entender porqué lo ha hecho y actuar (educando/atacando) entendiendo que a veces las situaciones no son tan sencillamente reducibles a un agresor-víctima. Actuaremos para que ambos papeles, ambos roles (víctima/agresor) desaparezcan del mapa y esas dos personas puedan disfrutar de sus vidas y de sus deseos sin llevar de forma vitalicia sendas etiquetas-lastres. Intentando que esas asquerosas situaciones no se vuelvan a repetir nunca más. Creo que la educación es el arma más potente del anarquismo. Y para evitar esas agresiones no podemos educar desde el miedo a la agresión. Erigir a la mujer como perpetua víctima creo que no le ayuda a liberarse y señalar al hombre como potencial agresor no nos enseña a desearnos, a respetarnos, a convivir. Para ganar libertad y acabar con las agresiones -como anarquistas sabemos que esto es parte de un mismo proceso, ¿no?- lo primero que tenemos que hacer es no tener miedo de nuestros deseos. Lo siguiente es reflexionar sobre ellos y sobre cómo disfrutarlos desde el respeto.
“Nos parece que es necesario analizar el origen de esas prácticas y deseos. Porque en muchos casos el origen se encuentra en la dominación/sumisión.
Con esto queremos decir que no tienen por qué ser prácticas que en el momento de realizarlas tengan este trasfondo pero sí que tienen un origen y a nosotras no nos vale no cuestionar eso.”
Estoy de acuerdo con vosotras: primero es necesario pensarnos, pensar en nuestros deseos, quedarnos con lo que queramos y desechar el resto (sobre todo aquellos deseos que me perjudican o perjudican a otr@/s). Estamos de acuerdo, es lo ideal, pero no siempre es tan sencillo, porque el problema de los deseos es que precisamente se desean. Si no logro desechar un deseo que deseo pues tendré que ingeniármelas para convivir con él y disfrutarlo desde el respeto. Si no lo hago quizá pueda sentirme culpable por desearlo, me martirizaré, me autodespreciaré, me flagelaré psicológicamente… ¿te suena la cantinela? Sí, la culpa cristiana. Y por ahí es por donde tenemos que empezar. Por darnos permiso para desear, por darnos permiso para mirar, para tocar, para azotar, para chupar, para atar, para penetrar, para ser penetrad@s, para guiñar el ojo o para besar siempre que lo deseemos. Y una vez que nos hayamos dado permiso a nosotr@s mism@s tendremos que pensar cuál es la manera de poder gozarlo: decir, hacer saber, seducir, indicar, descubrir, ligar, conocer, aprender… O lo que es lo mismo, expresar mis deseos sin faltar el respeto, es decir, conociendo, valorando y respetando los deseos de la otra persona para no intimidar y evitar que alguien pueda sentirse forzad@. Habilidad, empatía y asertividad para poder DESEARNOS CON GUSTO. Comunicación y respeto para disfrutar sin límites.
En mi adolescencia cuando me vi por primera vez frente al cartel de “babosos no” y sin ninguna definición del concepto “baboso”, decidí no intentar ligar en el Centro Social, ¿es eso lo que queremos?, ¿autoeducarnos desde el miedo?. Yo, desde luego NO.
Yo quiero autoeducarnos desde las posibilidades, desde el disfrute y desde el encuentro de dos personas que pueden desearse.
En aquel taller hubo acercamientos en esta línea: en lugar del “Babosos no” un cartel que ponga “¿Jugamos al Teto: tú te agachas y yo te res-peto?” -gracias, gozos@s compañer@s-.
Lo de las minifaldas ya roza lo ridículo… sin embargo no puedo evitar sacar el tema una vez más, eso sí, desde mi piel.
No puedo contestar como chica, pero sí lo haré como chico. No llevo (ni deseo llevar, por el momento) minifalda ni escote, sin embargo he de reconocer que en ocasiones mis ojos han sido gobernados por minifaldas y escotes. Mi mirada nunca quiso ser intimidatoria, de hecho miré desde la discreción. Por el hecho de mirar no me considero un agresor. Disfruté mirando. Es cierto: lo gocé. Intentaré que no me vea mirándole, pero si así fuera desearía que lo interpretase como que simplemente me ha atraído, que no tengo ninguna mala, ni enferma, ni siniestra intención. No cosifiqué a esas chicas: sabía que tenían sus propios deseos y en todo momento fui discreto. Lo que no impidió que posiblemente más tarde fantasease con ella. Eso tampoco me convierte en agresor. Si alguna de las chicas que llevaba minifalda y escote me gustó mucho y vi algún indicio de deseo por su parte, me armé de valor hice algún acercamiento y en ocasiones conseguí enrollarme con ella y en ocasiones fui rechazado. Eso tampoco me convierte en un agresor.
Por cierto, en ocasiones (pocas por desgracia) fue la misma chica de la minifalda y del escote la que al verme tan atraído se lanzó a mi boca… y me encantó.
El deseo va más allá de la ropa que se lleve o se deje de llevar, pero siempre es la misma ecuación: Deseos, Respeto y Comunicación. Por el momento de deseos y comunicación se habla más bien poco, por no decir nada. Y cuando se habla de respeto se hace desde su ausencia y no desde cómo disfrutarlo.
Cuando dinamizo un taller en ocasiones surgen opiniones con las que yo no estoy de acuerdo. Esto no me supone un problema. Creo que el objetivo se ha alcanzado: se está pensado. Sobre el taller decís que “Este ambiente también provocó que gente no diese su opinión porque se sintieron cohibidas o bien impotentes y decidieron marcharse”, anotamos como autocrítica lo que nos indicáis, no deseamos que esto ocurra de ningún modo, ya que un debate consiste en intercambiar ideas y no hemos de ofendernos por planteamientos diferentes a los nuestros ni enfadarnos porque los demás no piensen como yo (aplicándonos TOD@S -también vosotras- esta premisa). Decís que “se creó un ambiente de confrontación que llevaba a respuestas muy agresivas si no defendías las premisas que se habían dado”. Somos anarquistas y ya sabemos que no existen las verdades absolutas, dejé bien claro que las ideas sugeridas estaban para ser debatidas. Es una lástima que el debate se centrara en las posibilidades de ser víctima/agresor y no en las posibilidades que tenemos como seres deseantes y deseados.
Mi intención era hacer una excepción en nuestros hábitos: no reflexionar sobre la erótica desde el combate, sino desde los encuentros (ya que somos seres que nos buscamos y, en ocasiones, nos encontramos).
Sin embargo, el desarrollo de este taller me hizo sentir cosas raras. No me hizo sentir rabia, más bien pena por nosotr@s. Me hizo pensar en dos bandos de anarquistas enfrentad@s… y eso siempre, siempre, me llena de pena muy honda.
Sin embargo, intentaré sacar la parte positiva: hemos empezado a hablar de esto y quizá sirva para reflejar las distintas perspectivas. Que cada cual elija.
El desarrollo del taller me hizo percatarme de que perseguimos la libertad pero lo hacemos de distinta forma. Para mí una chica que desea ser atada y sometida en el juego erótico es igual de libre que la chica que acaricia a su amada. Son deseos compartidos y acordados entre dos (o más) personas. No soy quien para hablar de deseos enfermos o de deseos inmorales. Creo que todos los deseos merecen ser vividos desde la libertad y el respeto, y cada individuo tiene la responsabilidad de reflexionar sobre ello y de ser consecuente. Como colectivos tenemos la responsabilidad de autoeducarnos en esto desde la reflexión, ¿para qué si no el taller, los fanzines, el día a día…? Para hacerse libre, en primer lugar hay que querer serlo y espero que en esto estemos de acuerdo. Pero al menos yo (y hablo por mí) no me siento quién para imponer a otr@s mi propia forma de hacerme libre.
PD1: sobre el fragmento que habéis puesto de la Teoría King Kong:
¿Qué es más represor: excitarme cuando fantaseo que me fuerza un batallón de tíos que me ponen o renunciar a esa fantasía?
¿Por qué no gozar, compañer@s?
Sigamos luchando junt@s...
PD2: Adjunto algunas aclaraciones de los objetivos secundarios que intentaron ser tratados en el taller (para quien no se haya aburrido de leer):
1º) Cuerpo/mente:
en primer lugar podríamos plantearnos el dualismo judeocristiano: cuerpo-alma.
Esta división tan arrastrada hasta nuestros días en nuestro mundo occidental lleva a escindir al ser humano en dos realidades a veces aparentemente irreconciliables.
La separación en sí misma es intencionada, y esa intención tiene que ver con formular un dualismo dentro del ser humano. Este dualismo es el del bien y el mal. Aplicándolo al dualismo cuerpo/alma, todo lo malo se lo lleva el cuerpo (el pecado de la carne) y lo bueno el espíritu ("el cuerpo es la cárcel del alma").
Creo que merece la pena reivindicarnos como ser indivisible en el que todo en él/ella es valioso, y merece la pena atender. Sin caer en normativizaciones de cómo tienen que ser nuestros cuerpos, nuestros sentimientos o nuestros deseos.
2º) sujeto deseante y objeto de deseo.
Somos cuerpos, y como tales somos susceptibles de ser desead@s. Esto no sólo no es un problema sino que es inevitable en el mundo de los deseos. Ejemplifico: cuando yo me lleno de deseo, busco dar salida a ese deseo por alguna parte (a personas o a mi mundo de fantasías). Cuando encuentro a alguien (con su cuerpo y su forma de manejarlo) que me gusta, se activa la atracción y canalizo todo mi deseo hacia él/ella. Le convierto en objeto de mis deseos. Si yo le atraigo también me convertirá en objetos de sus deseos. Por lo que ambos seremos objetos de deseos y además sujetos deseantes (cada un@ con sus propios deseos).
El problema es cuando cosifico a la otra persona: es un MERO objeto de deseo para mí, es decir, me importan una mierda sus deseos, sus sentimientos o sus placeres... sólo me importan mis deseos. En este caso estaría cosificando a la otra persona, convirtiéndola en mera mercancía que se consume y se deshecha.
Sin embargo, para que un encuentro sea desde el respeto (aunque el encuentro sea entre dos complet@s desconocid@s), es imprescindible comprender que ambas personas tienen deseos propios, posiblemente diferentes y sobre los cuales tendrán que tratar.
Sobra decir que cada cual se haría deseable también a su manera.
3º) Activo/Pasivo.
Seres íntegros con deseos. La pasividad implica renunciar a mis deseos y dar preferencia a los del otro, y digo otro en masculino, porque históricamente la mujer ha tenido que renunciar a los suyos a favor de los del hombre. Por lo tanto se hace necesario aprender de los errores e iniciar relaciones desde el respeto: los deseos de amb@s son EXACTAMENTE IGUAL de importantes.
Esta premisa en ocasiones creo -y es mi opinión- que ha sido malinterpretada y se ha afirmado que la mujer para liberarse tiene que dejar de ser “pasiva” para ser “activa”. Y yo me pregunto: ¿una mujer es menos activa si lo que desea es ser atada?. Conductualmente es pasiva (está atada!!), pero a nivel de deseos ¿es acaso pasiva?. Creo que no, que si son sus deseos puede que lo goce hasta límites insospechados. He puesto este ejemplo más extremo pero podría ser el de una mujer que le gusta sentirse follada (pasiva), es decir no es que le guste follar con otra persona, es que le gusta que esa persona le folle... Lo importante creo que es valorar nuestros deseos y ponerlos sobre la mesa (o sobre la cama) no a modo de guerra (pelear por los deseos), sino desde el Arte de Amar (jugar con nuestros deseos).
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