Monday, 16 July 2012
CARTA DESDE EL AUTO-EXILIO. APOYO CRITICO A LOS MINEROS
Vine a esta ciudad del norte de Europa en busca de un mejor empleo. Traía conmigo el deseo de escapar de los típicos tajos en hostelería, de los malos salarios endémicos. Buscaba tan solo un poco de dignidad laboral y salarial así como más tiempo libre que poder dedicarle a la lucha libertaria y a viajar y conocer mundo. He de reconocer que me fui felizmente y de motu propio de Asturias impulsado tanto entonces como ahora por mi espíritu aventurero, mi amor por los viajes y un nomadismo que honestamente he transformado y por lo tanto reivindico como mi legítimo y libremente escogido modo de vida.
No formo parte pues de esa vasta mayoría de jóvenes y no tan jóvenes asturianos para quienes la elite prescribió la emigración casi forzosa como única solución a su futuro de esclavos asalariados. No deje “la tierrina” con llantos sino con muchas ganas así como profundamente asqueado de la escena política local, estancada en el ombliguismo y en ideologías obsoletas, cerrada a la reflexión seria y al debate más allá de los tópicos y enormemente golpeada por la espiral de la drogadicción.
No me fui con lagrimas no, pero eso no me absuelve del dolor que siento por partida doble al contemplar la tierra que me vio crecer y amo con locura subyugada por todo tipo de sátrapas y mediocres chupatintas. La desazón y el confuso malestar que me produjo siempre el comparar aquella Asturias de leyenda, rugiente, dinamitera, mucho menos borracha y cocainómana y mucho mas políticamente comprometida y rebelde que la actual con lo que hoy no pasa de ser un erial al que nadie respeta en gran medida gracias a los sindicatos mayoritarios y a una izquierda miope anclada en el pasado.
Siento dentro de mí la tierra pero ello no me convierte en un nacionalista. No deseo tener nada que ver con quien de la manera más embustera manipula la historia rebelde de este pedacito de tierra para transformar (en su imaginación y en sus publicaciones propagandísticas, que no en la realidad) la Revolución proletaria de 1934 en poco menos que una declaración de independencia. No creo en patrias de ningún tipo, creo en los pueblos que se sienten de verdad y esos nada tienen que ver con fronteras, banderas, disputas territoriales, partidos políticos ni estados. Deseo una Asturias tan libre como el resto del mundo, libre del capital, de la destrucción ecológica, del patriarcado y del estado, sobre todo del estado, sea este “del bienestar”, “dictatorial” o “democrático”. Hablo la lengua asturiana desde niño por si alguien se apresurase a ponerme a prueba y esta carta la he escrito en castellano con la intención de hacerla comprensible a la mayor cantidad de lectores posible dentro de la geografía Ibérica.
Mineros, lo que me habéis hecho sentir estos días no puede ser descrito con palabras. Habéis vuelto a traer a la palestra mediante hechos la dignidad y el coraje de la lucha con mayúsculas, habéis sido un soplo de aire fresco en la emponzoñada atmosfera en la cual se halla sumida Iberia y muchos otros lugares y países del continente. Viendo y leyendo desde la distancia me han vuelto a la memoria los recuerdos de mi infancia en los años 80, de la huelga minera del año 98 en la que yo anduve de más chavalín por ahí triscando tratando de emularos y echar un cable si se terciase. Después del bombardeo mediático de fanatismo pacifista vergonzante que se pudo ver el año pasado vosotros habéis irrumpido por la puerta grande, con furia, determinación y gran habilidad táctica. Por todo esto no puedo más que expresaros a vosotros mi mas profunda gratitud además de mi más rabiosa exasperación hacia todos y todas los trabajadores maulas y pobres de espíritu que vociferan su desaprobación ignorante, desinformada e “indignada” ante vuestra lucha.
A estos últimos tan solo puedo deciros que mejor haríais centrándoos por una vez en lo positivo de la situación. Ya sé que las carreteras cortadas os impiden a muchos currantes autónomos, y del sector privado acudir a vuestros tajos, que la situación está mal y que los a algunos sectores productivos tal el de la minería o antiguamente la construcción se les trae en palmitas mientras el resto os jodéis en curros mucho peor pagados, más inestables y con menores facilidades para montar protestas sin arriesgarse al despido casi automático. Aun así por una vez también os pido que os centréis en lo que verdaderamente importa. Los mineros están demostrando que el enemigo de clase, los capitalistas y el estado solo te respetan cuando te temen. Si las cosas no son fáciles para vosotros quizás sea el momento de empezar a pensar en cómo hacer que si lo sean, apelando a la unión, la solidaridad, la asociación de explotados y rebeldes. En eso los mineros, con todos los defectos que su lucha pueda tener (y a los que me referiré más adelante) deberían serviros como inspiración y no como cabeza de turco sobre la que vomitar vuestras cotidianas frustraciones.
Respecto a la prensa solo puedo deciros que salvo muy honrosas excepciones como por ejemplo las de los editores de la web “periodismo humano” al resto no se os puede calificar más que como una panda de bastardos con todas las letras. Sucio y ruin eso de justificar siempre la violencia de los perros de uniforme mientras se sobredimensiona la casualidad mas infinitamente fortuita, (a saber, un pobre pasajero de un tren de RENFE que tiene la mala suerte de caerse al suelo y hacerse daño en la cabeza debido un frenazo repentino causado por una barricada) para echar mierda y calumnia sobre los mineros en huelga. No merece para vosotros mención alguna, so basura humana!, asalariados del embuste! el que dicho incidente ocurriese en el decimoséptimo día de huelga habiendo transcurrido todos los demás sin errores ni incidentes graves, siendo los únicos hematomas los producidos por la fuerza de okupacion antidisturbios?… no os merecen critica o atención alguna los sucesos de Cinhera de Gordon, los cuales nos retrotraen a los mas aciagos tiempos de la otra dictadura (ocupación militar de la villa por la pikoleta incluida)… o sin ir más lejos a los sucesos de Reinosa en 1987?… en fin, sois lo que sois hasta que demostréis lo contrario. Resultaría totalmente fútil seguir gastando palabras en glosar vuestros desmanes y miserias.
Y ya volviendo a vosotros mineros, no sería del todo honesto si después de condenar a quienes se han dedicado a vilipendiaros durante los últimos días no tuviese unas palabras criticas también con vosotros. Se impone dicha obligación porque los tiempos que corren nos obligan a ello, porque o avanzamos mas allá de lo que sucede ya casi por rutina cada vez que se monta un sarao de este calibre o nos vamos todos al carajo. Se imponen reflexiones serias, rupturas dolorosas y probablemente traumáticas, en definitiva una total renovación de lo que ha sido el panorama político en Asturias durante más de 30 años.
Quisiera preguntaros por qué es que solamente las sedes del PP en Asturias han resultado atacadas estos días mientras las de las nefastas mafias CCOO y UGT, asi como las del resto de partidos permanecen intactas. Porque mientras se despliega una pancarta llamando prácticamente al infanticidio y a verter la sangre de los retonhos del enemigo de clase (los niños son niños, sean estos de hijos de pobres o de ricos, poca culpa tienen ellos de las burradas cometidas por sus adultos) y aun no se le ha tocado un pelo o ni tan siquiera hostiado como se merece a un cerdo traidor como José Ángel Fernández Villa, mafioso sindicalero que no ha dudado en emplearos como fuerza de choque para defender sus propios privilegios y el de todos los burócratas que le rodean cuando ha juzgado oportuno.
Cuantos de vosotros ESTAIS DISPUESTOS Y LISTOS para romper con UGT y CCOO. Cuando lo vais a hacer. Sabéis de sobra que tanto “cocos” como “ugeteros” han firmado sumisamente todo tipo de legislaciones antiobreras en estos 30 años de “democracia”, que la traición es su oficio y está inserta en su código genético. Que si están llamando a liarla así de gorda ello se debe en ultimísima instancia al pavor que les produce el verse despojados de toda utilidad para el sistema como mediadores, negociadores profesionales, apagafuegos de la revuelta y burócratas chupopteros. Un capitalismo sin subvenciones que gestionar, despido flexible y un estado del bienestar reducido significa que los burócratas de UGT y CCOO serán cada vez menos necesarios en la escenificación de esa gran comedia conocida como “convenios colectivos” y/o “relaciones laborales”. Son sus putos culos de chupatintas lo que están defendiendo… OS DAIS CUENTA DE ESO MINEROS? Creo que no me habría hecho falta preguntarlo…
Hasta la fecha todos aquellos, los mejores de entre vosotros asqueados de esta situación solo os habéis atrevido a manifestar vuestra querella y disconformidad (puede llamársele enfrentamiento?) con las cúpulas de boquilla y sin acompañar lo que sentís y pensáis de acciones concretas y contundentes, sin intentar forjar alianzas con otras porciones de la población trabajadora ni apostar claramente por la auto organización. HA LLEGADO LA HORA Y SE OS EXIGE QUE SALGAIS DEL ESCONDITE OS PRONUNCIES Y ACTUEIS EN CONSECUENCIA.
Quisiera preguntaros que vais a hacer si al final os dan lo que los negociadores profesionales están pidiéndole al gobierno es decir, más dinero. Quisiera saber si al final de todo el móvil de la lucha obrera no es otra cosa más que dinero, subvenciones y prebendas.
No os causa aunque sea un mínimo atisbo de emoción el que LA GRAN ALIADA estratégica de las recientes batallas con la pasma haya sido la montaña?, el verde prado, los bosques?… que la lucha haya transcurrido no solo en las calles de las urbes, sino también, tal cual hicieron nuestros antepasados contra la dominación romana en las laderas angostas de los preciosos valles que jalonan algunos de los más bellos rincones de una tierra mágica? Puede vuestra fiereza también hacer un hueco a la sensibilidad ecológica, la preocupación por la naturaleza, la crítica del capitalismo y el estado acompañada de una conciencia activa acerca del impacto de la actividad que alimenta a vuestras familias en la Madre tierra?. Habéis dedicado alguna vez algún que otro pensamiento furtivo o reflexión a preguntaros por que el rio Caudal o el Nalón y algunos de sus afluentes (el Nora, el Candín etc…) parecen condenados in eternum a discurrir ennegrecidos por el hollin. Si el aire en La Felguera, Mieres, Sama Langreo, Lada, etc… tendrá siempre que mostrar esa coloración negruzca y dejar esa textura a tierra seca en la boca?…
Atraviesa vuestra mente alguna vez el pensamiento de acabar con la esclavitud asalariada y con el estado, de establecer la autogestión y el trabajo libre, de que sea el pueblo quien se organice y decida sus propios asuntos sin mediadores?…
Quisiera preguntaros si habéis tratado de hacer algún contacto, amistad, alianza de base y de clase no mediada por liberado sindical alguno con los transportistas también en huelga, o con los profesores interinos a quienes desde vuestra visión machuna y viril de la lucha quizás consideréis como señoritos de buen vivir pero que a fin de cuentas también han cesado su actividad y de buen seguro agradecerían vuestro apoyo.
Habéis intentado idear estrategia alguna para llegar a aliarse con el autónomo o el currante del sector privado que tanto os recrimina cuando vuestros cortes le impiden llegar al curro y cuyos patrones les tienen con diferencia muchísimo mas agarradas y agarrados por las gónadas que a vosotros los vuestros. SOIS CAPACES DE PENSAR EN LOS DEMAS?, FUERA DE VUESTRAS PROPIAS REIVINDICACIONES?… PODREIS SUPERAR VUESTRO OMBLIGUISMO AUTORREFERENCIAL Y PENSAR-ACTUAR A LO GRANDE?, ESTAIS DISPUESTOS A COMPARTIR TODOS LOS CONOCIMIENTOS TACTICOS ACUMULADOS DURANTE SIGLOS DE LUCHA, A ENSENHAR A OTROS TRABAJADORES Y REBELDES A FABRICAR “LANZAPATATAS” Y FUSILES PARA DEVOLVERLES A LOS PERROS DE LA LEY SUS PROPIAS PELOTAS DE GOMA y más si hiciese falta?…
Quisiera también saber si algunos de entre vosotros es capaz de reconocer que no han sido tan solo agentes externos a vuestro propio obrar los que han conducido a esta situación de estancamiento desesperación y miseria moral. No se trata de buscar culpables ni de decidir a quién hay que poner a parir y a quien no sino de reconocer la parte de culpa y responsabilidad que a cada uno le toca. No son tan solo el gobierno, la policía, los capitalistas etc… los responsables de nuestra propia posición subalterna sino que también lo somos cada uno de nosotros, al menos en parte, por transigir, por tragar y no decir nada, por dejar las cosas siempre para última hora, pasar de todo e ir a lo nuestro. No es creíble el ver en vosotros un mero dechado de virtudes. No se puede sostener por más tiempo el veros como meras victimas y sois vosotros los primeros que deberíais reconocer vuestro actuar negligente, la facilidad con la que el mercadeo de prejubilaciones, puestos dentro del sindicato, subvenciones etc… ha llegado a corromper a muchos.
Cabria esperar de vosotros al menos el reconocimiento de vuestro fracaso estrepitoso a la hora de intentar pasar el testigo e imbuir a las jóvenes generaciones de una actitud y pensamiento revolucionarios, no pasando de contemplar pasivamente como la juventud de Asturias y de las cuencas mineras, incluyendo en ella a muchos de vuestros hijos, se desliza sin remedio por el tobogán ilusorio de la droga, la ropa cara, el “tunning” los accidentes de tráfico y la alienación mas mostrenca e indolente.
Y que conste que si digo esto no es para ofenderos, para atacaros gratuitamente, sino para constatar lo que viví muy de cerca durante muchos años, por mostrar yo mismo el valor necesario para deciros lo que muchos otros no se atreven, dividiéndose como consecuencia de tal silencio entre los 2 bandos complementarios de quienes os calumnian sin razón por una parte y de quienes os admiran y contemplan acríticamente vuestras acciones sin ir mas allá de la repetición ad nauseam de cuatro tópicos ideológicos desgastados por otra.
No, mi propósito no es faltaros al respeto sino dirigirme a vosotros desde una posición respetuosa pero firme de la manera que ahora mismo puedo y tengo a mano. Si me encontrase entre vosotros en estos momentos, podéis estar seguros de que no dudaría en deciros cara a cara lo que pienso a la mínima oportunidad con la esperanza de que tarde o temprano sabríais rectificar. Yo nunca he sido minero ni mi familia proviene de dicha tradición. Vengo del campo pero se lo que significa ser un paisanu tan bien como vosotros.
Sinceramente os lo digo. Vuestro esfuerzo titánico, vuestra persistencia en el combate es admirable, encomiable y sincera, no me cabe duda, pero muchas cosas deben cambiar. Se debe establecer un nivel de conflicto que se prolongue en el tiempo, permanente y no circunscrito a una serie limitada de reivindicaciones dinerarias, a un territorio puntual ni a un puñado de días o semanas después de las cuales todo vuelva a la normalidad. Se debe tratar por todos los medios que dicha normalidad no vuelva mas. Mineros, espero de todo corazón que sepáis hacer una lectura apropiada de los tiempos que corren, propicios para la guerra social abierta una vez más. Lo saben bien en Grecia donde el fascism racist resurge alentado por políticos, policías, militares y empresarios o en Perú, donde otra huelga minera ha arrojado recientemente el saldo de varios muertos y casi cuatro decenas de heridos. Aprendamos también a ver qué pasa en otras partes del mundo, como llevan la lucha otras hermanas y hermanos.
Un par de días antes de terminar esta carta me encontré por pura casualidad un chaval de mi pueblo y otro asturiano de Laviana en las calles de esta metrópolis. Si yo repare en este lugar en busca de algo mejor todo lo que estos jovencísimos chavales querían era poder currar en cualquier cosa. Su conocimiento de la lengua local era casi nulo, sus ahorros unos 1000 euros entre los dos… celebramos la coincidencia con un poco de charla y algún que otro cigarro. Personalmente no creo que estos simpáticos mozos duren mucho aquí y quizás acaben yendo de vuelta en unas semanas… yo mismo estoy pensando en volver al menos por una temporada tirando a larga. Pero no me cabe duda de que el mejor aliciente para regresar no lo constituiría la existencia de empleos sino la perspectiva de que hay algo por lo que merece la pena luchar, la existencia de una comunidad de rebeldes donde el apoyo mutuo fuese la norma, capaz de crear autonomía e independencia de las falsas necesidades promovidas por el capitalismo y alentar una perspectiva real de cambio revolucionario. Menos dinero pero muchísima mas dignidad.
Mineros, vosotros podéis hacer mucho por generar tal situación, aprovechad esta oportunidad y por favor, no volváis a los pozos para no salir hasta que el sindicato lo vuelva a ordenar o la amenaza de más recortes haga acto de presencia. Corren tiempos de lucha permanente, no creo que haga falta recordároslo.
Sin más, aceptando todas las limitaciones que mi visión del conflicto desde la distancia pueda generar, esperando fervientemente equivocarme esta vez en todo lo que haya podido comentar en estas líneas e insistiendo en el carácter amistoso de mis anhelos para con vuestra lucha me despido con un gran abrazo y mucho cariño.
Os deseo toda la fuerza y os agradezco el haberme hecho sentir de nuevo orgulloso de mis raíces.
SALUD QUE NO SE APAGUE LA LLAMA.
ABAJO EL ESTADO Y EL CAPITAL, LOS DOS AL MISMO TIEMPO…
INTERNACIONAL PAISANISTA
Wednesday, 1 June 2011
PROPUESTA DE BORRADOR PARA REEMPLAZAR AL MANIFIESTO "DEMOCRACIA REAL YA"

PROPUESTA DE BORRADOR ALTERNATIVO PARA UNA DEMOCRACIA DIRECTA EN SERIO
El abajo firmante considera los puntos aprobados por la mayor parte de las asambleas “democracia real ya” absolutamente insuficientes debido a su intrinseco reformismo, al caracter irrealizable de algunos de ellos y a la facilidad con la que los restantes pueden ser asimilados y recuperados por el estado y el capitalismo.
Dada mi disconformidad me atrevo a sugerir un nuevo borrador con los puntos que desarrollare a continuacion. Todos ellos mucho mas realistas y anti-utopicos que los ya mencionados del manifiesto original “democracia real ya”.
1) Generalizacion de las asambleas a toda demarcacion municipal dentro del territorio iberico con claras pretensiones de expansion internacional, primeramente europea y posteriormente mundial.
2) Todo el poder efectivo a las asambleas. Reduccion de la necesidad de delegacion de funciones al minimo. Nombramiento de delegados solo si ello se hace irremediablemente necesario. Delegados sujetos a mandato imperativo y a revocacion en todo momento.
El poder emana de la asamblea local soberana y todo cargo tanto permanente como temporal sera siempre rotativo. Cada individuo se representa a si misma o mismo. Las asambleas deben tomar el poder de decision que ahora pertenece a los ayuntamientos y cabildos para si mismas. La asambleas deberan coordinarse desde municipios a regiones y de ahi a la coordinacion a nivel de la region iberica, teniendose por tal al conjunto de los pueblos que la componen, espanholes y no espanholes (Euskadi, Catalunya, Galiza, Canarias, Portugal...) de tal manera que todo estado central o regional pierda su poder frente a la organizacion federal y en red del poder popular.
3) Nombramiento a nivel local/municipal de las siguientes comisiones:
a) Comision de abastecimiento y medio ambiente: Encargada en un primer momento de la gestion de las necesidades basicas de sustento y vivienda. Inicialmente se dedicaria a la organizacion de donaciones y a la reorganizacion de una produccion agricola respetuosa con el medio ambiente. En ultima instancia se encargaria de la socializacion total de los medios de produccion y de la seleccion de aquellos aspectos de la tecnologia actual aprovechables y compatibles con una vida libre e igualitaria asi como de la eliminacion de toda tecnologia nociva, favorecedora de la division jerarquica, entontecedora y ecocida (por ejemplo las videocamaras callejeras). Se encargara ademas de eliminar la esclavitud asalariada y toda forma de servilismo economico. Se tendera ademas a un total desmantelamiento del aparato universitario a traves de la instauracion por doquier de Ateneos populares y otras formas de autoeducacion de la comunidad. Los diversos oficios que requieran habilidades especificas seran ensenhados y aprendidos en los propios lugares de trabajo.
b) Comision de defensa: Encargada de preparar la defensa violenta o no de los logros de la revolucion democratica. Organizadora de milicias locales y del abastecimiento de armas. Encargada de estudiar el terreno y disenhar las mejores tacticas para la defensa y ataque ante la eventualidad de la accion represiva de los cuerpos de seguridad del estado y el ejercito. Encargada tambien de fomentar la desercion de tropas dentro de estos ultimos. Armamento generalizado del pueblo en cuanto ello sea factible.
c) Comision de salud y educacion: Encargadas de organizar los cuidados medicos de la poblacion, la asistencia a las personas mas vulnerables y de mas edad. La comision educativa dedicara todo su esfuerzo en encontrar una alternativa a la escuela, a ser posible una educacion de los ninhos y de la juventud basada en su integracion en las tareas de toma de decisiones y organizacion de la sociedad segun el modelo indigena de Oaxaca (Mexico) u otros similares. Eliminacion total e inmediata de toda “educacion” que se base en el encierro involuntario. Fomento de la auto-organizacion de los pacientes psiquiatrizados e implementacion de medidas destinadas a generar nuevas formas de ayuda a las personas con problemas mentales mas alla del encierro en manicomios. En ultima instancia se procederia a la absoluta demolicion de estos ultimos asi como a la de los asilos de ancianos, siendo sus actuales moradores plenamente reintegrados y reintegradas en la comunidad y en la familia extensa.
d) Comision de jurisprudencia, revision de causas y desmantelaiento del sistema carcelario: Encargada de revisar los casos particulares de todos los presos y disenhar las mas optimas medidas y programas para su inmediata reinsercion en la sociedad (al menos de los casos mas viables, la inmensa mayoria a parte de un punhado de violadores y psicopatas). El objetivo ultimo es el desmantelamiento del sistema de prisiones en su entera totalidad y su reemplazamiento por mejores y mas efectivas formas de tratar y prevenir la agresion y el abuso interpersonales, reduciendo las medidas meramente punitivas al minimo posible. Concesion inmediata a los presos de todas las reivindicaciones y mejoras por las que han venido luchando todos estos anhos. Formacion dentro de las prisiones de comisiones de reos tipo COPEL para su propia autoorganizacion, defensa y coordinacion con las comisiones “de fuera”.
d) Comision de coordinacion con otras asambleas circundantes y regionales: Garantizara una buena comunicacion y ayuda mutua entre los diversos municipios soberanos a nivel local, regional, interprovincial y de toda Iberia.
e) Comision de relaciones internacionales con similares funciones a la arriba mencionada pero a nivel internacional.
f) Comision de dialogo intercultural: Destinada a debatir y armonizar los valores de la nueva sociedad con las diferentes manifestaciones culturales fomentando una diversidad real y no de pega despojada tambien de los aspectos nocivos, anticonvivenciales, sexistas, etc... que conforman los defectos fundamentales de casi todas las culturas existentes sin excepcion (incluyendo la Occidental por supuesto, pero no solamente ella).
Todas estas comisiones se regiran asimismo por el mandato imperativo, siendo sus delegados revocables en todo momento. Sus decisiones no tendran facultad ejectiva hasta que hayan sido aprobadas por la asamblea general de la comunidad.
Por ultimo dejar claro que el camino no sera facil, que la asamblea, con todo lo que tiene de deseable y maravilloso como vehiculo de comunicacion y poder del pueblo trabajador organizado no es en si misma ninguna panacea que se halle de por si a salvo de manipulaciones, egocentrismos y maliciosidad. Ante esto se debe apelar a la responsabilidad de todas y todos, a mantener siempre ojo avizor, a informarse tambien una por libre y no solo a traves de lo que un determinado delegado nos cuente, a denunciar abiertamente y sin miedo cualquier intento de manipulacion, cooptacion y abuso. En resumidas cuentas, nuestro poder depende de nosotras mismas mas que nunca en la historia. Defendamos nuestra libertad pues contra todo tipo de reaccion.
No permitamos que la normalidad de la dictadura liberal del demo-fascismo representativo y capitalista retorne jamas.
El estado del bienestar nunca fue efectivo mas que para el verdadero motivo para el que fue creado; para entontecer por medio del acceso al consumo de masas, para envilecer a los individuos provocando una caida en picado de la calidad etica del sujeto medio, de los habitos comuntarios y del individualismo sano, bien entendido y valiente frente al egotismo mas descarnado la competitividad extrema y la hostilidad cruel hacia el otro (especialmente si es diferente). Es por ello que frente a las demandas de mejoramiento reformista del actual regimen politico de dictadura demofascista (partido unico de partidos) y economica (capitalismo) a traves de un retorno mas o menos completo al estado del bienestar se deberia oponer una voluntad de lucha por realizar lo que es justo y correcto en si mismo, sin obsesionarse demasiado con los logros a medio o largo plazo. Debemos constituirnos como individuos capaces de actuar desinteresadamente en pos de logros superiores, dignificandonos, mejorandonos y engrandeciendonos por medio de semejante proceso, es decir, volviendonos verdaderamente humanos. Mas alla de lo dificil que les pueda sonar a algunos el contenido del presente borrador lo que en realidad esta en juego es la extincion de la humanidad en tanto que tal y su (nuestra) reduccion a automatas degenerados, cebados como cerdos e idiotizados quiza de manera irreversible, proceso que se haya en un estado bien avanzado en los paises de la orbita anglosajona.
Renunciar a las comodidades mercantiles, olvidarnos de la videoconsola, el coche y la ebriedad estupidizante a todo trapo del fin de semana (aunque no asi de la fiesta y la diversion popular autoorganizadas ni del erotismo) de cara a prepararnos para la dureza, el esfuerzo titanico y el inevitable sufrimiento que en ocasiones se presentara a lo largo del camino es una labor que para la que cada individuo que realmente desee un cambio significativo y real deberia empezar a prepararse ya mismo.
Si no vamos a por todas, si la normalidad regresa, todo esto no habra servido mas que para fortalecer aun mas a nuestros amos. Tal ha sido, es y sera la funcion de todo reformismo-conformismo tibio, comodon y cobarde. Lo importante, lo verdaderamente democratico es tender hacia los puntos aqui expuestos como minimo si bien se entiende que los ritmos de aplicacion y aplicabilidad de los mismos variaran conforme a como se presenten las condiciones para ello en el marco de la presente guerra social que ya ha estallado, que ha durado milenios, y que en las ultimas decadas se ha caracterizado por un exceso de confianza por parte de los distintos gobiernos y de la clase empresarial para imponernos absolutamente lo que les da la gana.
Lo tenemos todo en nuestras manos; YA LO ESTAMOS HACIENDO.
A POR EL TODO.
Internacional Paisanista.
Paisano//paisana: Vocablo de la lengua asturiana que denota, ademas de a la persona que proviene de la misma tierra de uno, a todo individuo que se ha ganado el respeto de la colectividad a traves de su conducta ejemplar, su capacidad de cumplir siempre la palabra dada y la grandeza etica de su forma de vida.
SIN PAISANAS NI PAISANOS NO HAY REVOLUCION.
Nota aclaratoria:
La Internacioal Paisanista no es un partido politico, sindicato, asociacion, etc... ES EL ESTADO DEL ESPIRITU DE TODA PERSONA QUE HACE DE LA LUCHA POR LA LIBERTAD Y LA JUSTICIA SU FORMA DE VIDA. Quiza quien esto ha escrito este sentado a tu lado mientras tu lees el presente manifiesto. En terminos colectivos la Internacional Paisanista es un grupo de amigos y amigas cualquiera, asociados conforme a su afinidad y coordinados con otros grupos. Una banda callejera con un analisis siempre preparada para y a punto para lo que tenga que venir.
LA INTERNACIONAL PAISANISTA PROPONE QUE ESTE BORRADOR REEMPLACE LOS PUNTOS REFORMISTAS DEL MANIFIESTO “DEMOCRACIA REAL YA”.
Sunday, 13 March 2011
LA VERDADERA ENSENHANZA DE LA INSURRECCION GRIEGA

Monday, 31 January 2011
DATOS Y ANÁLISIS PARCIALES PARA UNA RECONSIDERACIÓN DE LA CONDICIÓN DE LA MUJER Y DEL PROGRAMA FEMINISTA ( María del Prado Esteban y Felix Rodrigo)

“El camino para la paz es la extirpación del odio”
Luis Vives
El feminismo de Estado es quien hoy dicta la forma socialmente aceptada de
considerar la cuestión de la mujer, de tal modo que toda interpretación divergente resulta
marginada. Pero aquél culminó su formación como sistema de ideas hace ya medio siglo,
y desde entonces mucho ha cambiado la realidad social, comenzando porque su programa
está realizado en lo más sustancial, y lo aún no logrado es sólo cuestión de tiempo. Por
tanto, se ha producido un agotamiento de las formulaciones sobre estas cuestiones, cuyo
rasgo más remarcable es su creciente contradicción con las nuevas realidades sociales,
hecho que no pueden admitir aquellos, mujeres y hombres, que llevan decenios
dedicados, con excelentes resultados profesionales y crematísticos, a elaborar y propagar
el credo feminista ortodoxo.
Pero más allá de los intereses creados ha de prevalecer la verdad, de la que tiene
que salir una reelaboración de la cuestión de la mujer apta para el siglo XXI, la cual ha de
sustituir a la hoy en vigor, marcada por la situación y las ideas de mediados del XX. Ello
todavía no es hacedero, pues son numerosas las materias por investigar y debatir, pero sí
es posible ya ir adelantando ciertos datos, sin duda incompletos, y algunas reflexiones,
muy insuficientes por el momento, con propósitos actualizantes y renovadores. Se trata
de iniciar un proceso cognoscitivo que nos lleve a la intelección de las situaciones
nuevas, también a pasar desde la propaganda a la objetividad, y desde la razón de Estado
a la verdad.
Los cambios acaecidos son obvios. Citaremos algunos. Hoy el Ministerio de
Defensa de España está en manos de una mujer, responsable no sólo de las operaciones
militares en el exterior y del rearme en el interior sino de lo que sucede en cada
cuartelillo de la Guardia Civil, dado que este cuerpo policial depende de ese Ministerio,
además del de Interior. Condoleezza Rice, mujer y negra, consejera de seguridad
nacional con G. Bush y autora del informe oficial “Estrategia de Seguridad Nacional”,
septiembre de 2002, es culpada de haber ordenado la tortura de los presos de guerra de
EEUU, y a ese texto se le tiene por un manual de terrorismo de Estado. En suma, ya es
irrealista presentar a las mujeres como sujetos sin poder, no responsables e inocentes. El
20 de febrero de 2007 tuvo lugar un suceso de gran significación, la soldado Idoia
Rodríguez Bujan murió en combate en Afganistán, “por España”. Es la primera mujer
soldado que ha conocido tan triste suerte. El 14 de marzo de 2009 una concentración de
15.000 policías, varones y mujeres, que se manifestaban por sus reivindicaciones en
Madrid, recibió a Rosa Díez, matriarca de UPyD, con el grito de “¡Presidenta!,
¡Presidenta!”, refiriéndose a su deseo de que sea ella la que ocupe la máxima
magistratura política. Que los aparatos policiales demanden una presidenta femenina,
cuando hasta no ha mucho se les tenía por reservorio de la misoginia más “tradicional”,
dice muchísimo sobre lo que ha cambiado.
El enfrentamiento entre los sexos ha alcanzado cotas nunca conocidas, con un
agravamiento extremado del recelo y la incomprensión, del aborrecimiento y odio
mutuos, asunto que quizá sea uno de los más terribles entre los males sociales en curso.
Así mismo, los desencuentros entre féminas están creciendo, en especial en el seno de la
empresa, entre mujeres jefas y subordinadas, asunto explicable teniendo en cuenta que
una parte de las personas más ricas de España, que forman el cogollo del gran capital,
son mujeres, como Ana Patricia Botín, presidenta del Banesto, una de las 600.000
empresarias del país, que explotan a mujeres y a hombres por igual. Así se ha ido
constituyendo una formación social regida por el odio de unos a otros, lo que nos
condena a la impotencia política y social, y hace nuestras vidas aún más duras, difíciles y
lúgubres. Ahora se trata, pues, de proporcionar hechos y reflexiones que ayuden a
comprender ateóricamente tales asuntos, dejando a un lado los viejos y gastados
dogmatismos
En el pasado
La interpretación que se suele ofrecer del estatuto social de las mujeres antaño se
caracteriza por su desdén por la objetividad. En ella no tienen cabida los hechos,
imparcialmente considerados, pues es literatura de denuncia, realizada con fines
pragmáticos, de donde ha resultado un producto ideológico-político institucional en el
que la verdad carece de lugar. Así el pasado, en general, es presentado, como una suma
de atrocidades, perpetradas por los hombres contra las féminas.
Sin ánimo de agotar el tema y con la única pretensión de ofrecer datos que hagan
reflexionar, se traerán algunos hechos esclarecedores. A mediados del siglo XVIII se
confeccionó el catastro de Ensenada en parte de los territorios de la corona de Castilla.
Por él sabemos que en todas las poblaciones las viudas existían como categoría social,
siendo bastante más numerosas que los viudos, a pesar de que solían nacer más niños que
niñas. Ello desautoriza la idea de que las mujeres morían en masa en los partos. En
realidad, la mortandad masculina era bastante mayor, y la esperanza de vida de las
féminas superior (igual que hoy), a causa de las cargas que eran (y una parte de ellas aún
son) propias de la condición masculina: servir en los ejércitos, los trabajos peligrosos
(entonces, como hoy, casi todos los accidentes laborales mortales tenían como víctimas a
los varones) e insalubres, a veces una alimentación peor, pues era corriente reservar lo
mejor para las madres lactantes o gestantes, y los hijos o hijas de menor edad. Es, así
mismo, inexacto, que la vida femenina quedara reducida a la crianza, pues el número de
nacidos por mujer se situaba en torno a 2,251. Era relativamente común que las mujeres
ejercieran trabajos luego tenidos por “masculinos”, como trato y comercio de ganado,
herrería, carretería, fraguas y otros, y fueran propietarias de talleres artesanos, teniendo
empleados varones a su cargo, y tierras.
Una de las formulaciones más faltas de verdad de la nueva ortodoxia es que las
mujeres en el pasado eran permanentemente sometidas por los varones y que el maltrato
y forzamiento de las mismas era admitido socialmente y habitual en sus relaciones. Los
datos que proporcionan los estudios sobre la era premoderna no lo confirman. Así, el
examen sobre la jerarquización de las sepulturas, en el texto citado, señala que en su
grado superior, el más costoso y el que manifestaba más cariño por los difuntos, era
donde las mujeres fueron sepultadas en mayor cantidad. El infundio sobre la mujer
esclava del varón en ese tiempo no tiene prácticamente ninguna base documental, lo que
se observa es que ellas estaban rodeadas de un halo de sacralidad siendo, por tanto,
veneradas y amadas2. Ha sido la modernidad la que ha puesto fin a dicho estado de cosas,
al degradar la condición de la mujer, particularmente con su incorporación en masa al
salariado, vilificante para ellas tanto como para ellos.
Una obra de investigación que refuta tópicos con contundencia es “La familia
campesina del Occidente asturiano”, por Asunción Díez, en la que la mujer de ese
territorio, antes de la modernidad, es presentada como un ser humano libre y
autodeterminado, especialmente en su vida sexual. A similares conclusiones llega, para el
norte de Navarra, “La guerrilla española y la derrota de Napoleón”, de John L. Tone,
buen trabajo de investigación a partir de fuentes primarias, el cual, al estudiar las bases
sociales de la guerrilla anti-napoleónica, concluye que las mujeres disfrutaban, sobre todo
en la mitad norte del viejo reino, de un grado de autosuficiencia y libertad grandes.
Señala que allí donde era activo el concejo abierto, los comunales tenían mucha
extensión, el grado de autonomía del municipio era elevado, muy reducida la circulación
del dinero, escaso el actuar del mercado, sólida la institución del “auzolan” (ayuda mutua
vecinal) y la presencia del Estado, por todo ello, mínima, las féminas llevaban una
existencia libre y unida a los varones. Por el contrario, en las áreas más modernizadas, la
situación cambiaba. Pablo Sastre, en “La presencia de las cosas”, apunta, así mismo, que
en la Euskal Herria rural la mujer poseía mismidad y libertad y las peculiaridades y
diferencias entre los dos sexos se hacían complementarias y no excluyentes (3).
Los estudios de Pegerto Saavedra y otros sobre la vida cotidiana en Galicia en la
fase pre-liberal alcanzan conclusiones similares. La extraordinaria autonomía,
autenticidad y vigor de la mujer gallega, en todos los órdenes, es bien conocida. Una
muestra de ello eran las muchas cuadrillas de segadoras autoorganizadas que bajaban los
veranos a recoger la cosecha a Castilla, moviéndose durante meses a su libre albedrío. El
ilustrado Martín Sarmiento hizo notar, a mediados del XVIII, que en Galicia (en realidad,
en todo el norte) las mujeres disponían entonces de superioridad social, en Castilla existía
igualdad entre los sexos y en Andalucía predominaban los hombres (4), derivándose esto
último no sólo de la funesta herencia islámica sino sobre todo del peso del Estado y del prematuro desarrollo de relaciones monetario-salariales en el eje Sevilla-Cádiz, por su
privilegiada relación con América.
Todo ello explica la fuerte impresión que hizo a Teófilo Gautier, en 1840, el alto
nivel de consideración social que aquí tenían las féminas, lo que queda recogido en “Un
viaje por España”, obra en que concluye que: “en España las mujeres disfrutan de mayor
libertad que en Francia”, a pesar de que conoció principalmente ciudades, pues de haber
visitado el mundo rural su pasmo habría sido mayor. Semejante estado de cosas se
mantenía aún, a pesar del misógino código civil de 1889, en los años 30 del siglo XX. Es
demostrativo de ello el caso de Margarita Nelken. Ésta, durante todo el periodo
republicano fue votada en los sucesivos comicios diputada por Badajoz, provincia de “la
España profunda”. En la época algunas mujeres alcanzaron un formidable predicamento
entre las masas trabajadoras, Dolores Ibárruri, Federica Montseny, la citada y otras más,
llenaban las plazas de toros con multitudes, hombres más que mujeres, ansiosos de
conocer sus argumentos y directrices en circunstancias políticas a veces dramáticas. Por
tanto, en ese tiempo, los varones no eran enemigos de las mujeres sino sus alumnos,
cuando aquéllas poseían capacidades intelectuales y oratorias apropiadas, el que no
hubiera más féminas en magistraturas de responsabilidad se ha de achacar a la falta de
interés del resto de éstas, no a la mala fe de los hombres. Semejante centralidad de las
mujeres no se daba, para esas fechas, en ningún país de nuestro entorno (5).
La conclusión que se desprende es que las clases populares estaban, entonces,
libres de sexismo. En su vida diaria había división del trabajo por género, pero de ello no
resultaba desigualdad ni preterición de uno u otro (salvo en los asuntos sometidos a la ley
estatal sexista, a la coacción jurídica), sino complementariedad. Por tanto, mujeres y
varones se mantenían afectuosamente unidos, primero por lo que comparten de la
condición humana y, segundo por lo que les diferencia, concebido el otro sexo como
complemento imprescindible para llevar una existencia plena. Ello cambió con el triunfo
del constitucionalismo liberal, en lo medular un proceso de crecimiento del ente estatal,
drástica reducción de las libertades populares reales y expansión de la clase empresarial,
de todo lo que resultó, entre otros males, la preterición de la mujer.
Una refutación de quienes tildan a los hombres en general de “machistas” y
“patriarcales” es el libro de Mika Etchebéhère “Mi guerra de España”, quizá el mejortexto autobiográfico sobre la guerra civil de 1936-39. Esa mujer, voluntaria antifascista,
designada jefa militar por los cientos de hombres que con ella combatían, y admitida
luego en el Ejército Popular como capitana (finalmente fue obligada a volver a su país
por coacción de las potencias “democráticas” que no admitían mujeres combatientes,
mucho menos en la oficialidad), ofrece una descripción de los acontecimientos en la que
resalta el acatamiento y fervor con que era obedecida por aquéllos, campesinos la
mayoría, en quienes no halló atisbo de machismo. Claro que Mika no piensa en
escenificar ninguna “guerra de los sexos” para dividir al pueblo en beneficio de las elites,
sino que es una mujer admirable, libre de odio sexista y, por ello mismo, plena de afecto
y atenciones hacia los varoniles sujetos que bajo su mando combaten y mueren. El mito
del machismo innato, hormonal, queda así desautorizado. Un aspecto más a destacar es el
admirable nivel moral de su autora, lo que contrasta con la cruda amoralidad y el
descarnado pragmatismo del feminismo institucional.
La marginación de la mujer no ha resultado de los hombres, sino del orden político
y jurídico. El derecho romano, expresión del militarismo de una formación social que
vivía de la conquista y era hostil a las mujeres (aunque las de las clases altas tenían en
plena propiedad esclavos varones, con derecho de vida y muerte sobre ellos). Con el fin
del imperio, en algunas áreas de Europa, como el norte de la península Ibérica, el derecho
romano fue rechazado6 y su lugar resultó ocupado por el derecho consuetudinario, o de
creación popular. La Alta y Central Edad Media hispana fue una época de fusión entre
los sexos, donde la autonomía mujeril fue la norma, lo que se pone de manifiesto, por
ejemplo, en el románico erótico hispano, marcado por la presencia femenina. Sin
embargo, a partir del siglo XIV, con el inicio del triunfo de la corona sobre la sociedad
concejil, consuetudinaria y comunal, tiene lugar una regresión al derecho romano, si bien
hay resistencia, a veces enérgica, al auge de éste, como se pone de manifiesto en los
textos de Francisco Martínez Marina, el reputado historiador del derecho y politólogo de
comienzos del XIX. Con la adopción del tomismo, esto es, el retorno a Aristóteles y el abandono del auténtico cristianismo, en el siglo XIV, se sientan las bases doctrinales para
la marginación de las féminas, a imitación de la Antigüedad, aunque el proceso tardó
siglos en culminar.
Son las revoluciones negativas, creadoras de la modernidad, las que van a hacer
retroceder a las mujeres, en lo jurídico, a un estatuto de indefensión y minoría de edad
similar al que conocieron en Grecia y Roma. La iglesia, desde la aceptación de la obra de
Tomás de Aquino, en el XIV, y el concilio de Trento, en la segunda mitad del siglo XVI,
había presionado en esa dirección, pero su poder efectivo, material y espiritual, era
limitado. La autoridad pre-liberal fue promulgando leyes que reducían la plenitud política
y civil de las féminas en algunos asuntos, en particular durante el siglo XVIII7, pero ello
no cristalizó en un sistema legal articulado hasta la centuria siguiente. Es sabido que la
revolución francesa fue funesta para la mujer (también, y sobre todo, para las clases
populares), pero hay que esperar a su plasmación jurídica suprema, el Código Civil
francés de 18048 y a su aplicación efectiva para encontrar un orden social que puede ser
calificado de patriarcal, aunque con reparos pues este concepto es una construcción
ajena a la realidad histórica.
En su “Libro Primero” establece la patria potestad como categoría jurídica axial,
relegando a las mujeres a un estado civil subordinado a “la potestad marital”. Así, se crea
la familia patriarcal que, anteriormente, no existía, salvo en las clases mandantes, e
incluso en ellas de forma imperfecta. Ese era el fruto del modelo de sociedad surgida de
la revolución francesa, en la que el militarismo y el salariado son cuestión capital. La
nueva familia había de reproducir el orden castrense con apariencia civil, la tarea
asignada a la mujer era parir y criar hijos para abastecer a los ejércitos y la Armada,
también para la naciente industria. Pero se ha de puntualizar que la marginación
femenina se dio en los asuntos que dicho código estatuye, no en todos.
Es la razón de Estado la que crea, por tanto, un tipo de relación hombre-mujer
basada en la desigualdad, el recelo y la ausencia de amor mutuo, en la cual el varón y sus
“intereses” prevalecen, aunque luego veremos a qué precio en el caso de las clases subalternas. Quienes hablan de “siglos de dominación hombre-mujer” se equivocan por
partida doble, pues en Occidente hay desigualdad jurídica desde exactamente 1804, y no
resulta ser el hombre en general quien domina sino la minoría mandante organizada
como sistema político, mientras que el varón común es forzado por la ley positiva a
prevalecer sobre la mujer en algunas cuestiones, le guste o no. Naturalmente, hubo
muchos hombres que se negaron a aceptar tan vil “privilegio”. En los territorios incluidos
en “la nación española” la resistencia a la imposición del nuevo derecho, por imitación
del código napoleónico de 1804, fue vasto y se mantuvo hasta 1939, e incluso después.
Pero la obra legislativa y codificadora de Napoleón I, el Hitler del siglo XIX, no se limitó
al Código Civil, pues también promulgó el Código de Enjuiciamiento Civil, 1806; el
Código de Comercio, 1807; el Código de Enjuiciamiento Criminal, 1808; y el Código
Penal, 1810, inspirados en la misma idea guía.
Dado que nuestros liberales fueron monos de imitación de todo lo francés, el
código civil napoleónico fue copiado en los diversos textos legislativos que se
promulgaron en España en el siglo XIX, particularmente en el código civil de 1889. Éste
estatuye la noción de familia como orden jerárquico en el que manda el varón. Pero su
tardía promulgación nos dice mucho sobre la enorme aversión que, en las clases
populares, suscitaron esa y otras innovaciones. De hecho la hegemonía real del hombre
no se consiguió, aunque de un modo precario, hasta el franquismo, por el baño de sangre
que éste realizó, que permitió radicales mutaciones sociales, en primer lugar la
destrucción de la sociedad rural popular, la industrialización, la aculturación del pueblo,
la constitución de “la sociedad de la información” y la creación de la universidad de
masas (a la que se incorporaron en gran número las mujeres). Diferente fue la situación
entre las clases próceres y medias, sobre todo las urbanas, que muy pronto se adecuaron a
esa normativa y convirtieron la desigualdad y desamor entre los sexos en un modo de
vida interiorizado.
Lo más infausto del código civil de 1889 es la institucionalización del
desencuentro entre hombres y mujeres, el cual tiene en la forzosa desigualdad por género
su clave de bóveda. Hoy tales nocividades provienen, sobre todo, de las prédicas del
feminismo de Estado, ideología del odio al varón, y de las medidas legales sexistas, como
la Ley de Violencia de Género de 2004, impuestas por el aparato gubernamental.
Reseñable fue la contribución de la izquierda radical de la época, misógina hasta
el delirio al modo jacobino, por ejemplo Francisco Pi y Margall, republicano, seguidor
del anarquista Proudhon e ideólogo del movimiento obrero. En 18699 sostiene que “la
misión” de la mujer está en el hogar, donde tiene “su teatro, su asiento, su trono (sic)”, de
manera que no ha de trabajar en el exterior, ni tampoco ocuparse de política, pues, en
definitiva, “en el hogar doméstico, no fuera de él, ha de cumplir la mujer su destino”. No
fue el único entre los “radicales” en defender tales ideas. Pi fue unos años después
ministro, con la I república, y aún hoy es tenido por progresista y hombre de izquierda
modélico, aunque su verdadera naturaleza era la de estadista, entregado a realizar el bien
del Estado. Como tal, se reduce a explicar la ideología que subyace a las elaboraciones
doctrinales10 y legales de las revoluciones liberales, promovidas desde arriba para
reduplicar el poder de las elites mandantes. Solo quienes viven el presente sin
preguntarse por el pasado pueden pretender que, siendo las instituciones políticas las
causantes de la subordinación femenina vengan a ser, en nuestros días, sus liberadores.
Una parte importante de la política gubernamental hacia la mujer, en el presente, es
la adulación con segundas intenciones, el fomento de un estado de autocomplacencia de
género que va de la mano del victimismo y el rencor. Pero la pérdida de la objetividad,
más si es fomentada por el adversario natural de la libertad (de las mujeres tanto como de
los hombres), debe ser evitada. Por tanto, pasemos ahora a conocer la otra cara de la
cuestión. Al lado de la preterición de las féminas en cierto número de asuntos, existían
ventajas innegables adscritas a su condición, mientras que las prebendas entregadas por
el Estado al varón, sin que éste las hubiese demandado, convivían con las servidumbres
inherentes a la condición masculina. En efecto, en contra de las concepciones simplistas
y unilineales, lo cierto es que cada uno de los géneros padeció una situación de tensa
antinomia y contradicción interior.
El código civil de 1804 otorgó ciertos perversos privilegios a los hombres, pero no
fue ello lo que marcó su existencia en ese tiempo, sino la guerra. Napoleón I, el tirano
conquistador y genocida en que culmina la revolución francesa, alistó a la juventud
masculina de Francia (y de algunos de los países conquistados) en sus ejércitos donde les
esperaban miserias y padecimientos inhumanos y donde, en número aterrador, fueron
heridos, mutilados o muertos. Es verdad que fallecieron féminas en tales contiendas, y
que otras soportaron sevicias intolerables, pero en cantidad mucho menor. A las guerras
napoleónicas fue la juventud popular masculina, pues los hijos de las clases pudientes no lo hicieron hasta 1813, cuando ya faltaban hombres en edad militar, estremecedora
expresión del alto porcentaje de muertes, mutilaciones y cautiverio padecidos por éstos.
En los territorios de la corona de Castilla, según la Real Ordenanza de 1770,
debían ir al ejército uno de cada cinco hombres, por sorteo. Aquéllos entre 17 y 24 años
servían 8, entre 24 y 30 lo hacían durante 7 años y de 30 a 36 años 6. La vida militar era
terrible incluso en tiempo de paz, y las gentes tenían un miedo cerval al reclutamiento.
Incluso en ausencia de conflagración en los cuarteles existía un alto índice de muertes,
así como de enfermedades, miseria, humillaciones, castigos atroces y degradación. Los
desventurados que eran enviados a las colonias morían en una proporción elevada. Los
varones que, al ser licenciados, regresaban tras tantos años en filas solían hacerlo
enfermos del cuerpo y del espíritu, difícilmente se adecuaban a la vida civil, sobre todo
en las aldeas, al estar maleados por el autoritarismo, el contacto con prostitutas, el uso de
dinero, el alcoholismo y un estilo violento de comportarse, rasgos que repercutían de
forma negativa en sus relaciones con el otro sexo. Los ex-soldados fueron introduciendo
un modo misógino de concebir a la mujer, en las clases populares, pues el ejército fue un
ámbito cardinal de su aculturación, a través de los reclutas.
Las rameras que acompañaban a los ejércitos (así como a las concentraciones de
trabajadores asalariados masculinos desplazados, propios de la primera revolución
industrial) llegaron a ser el modelo de mujer por excelencia para muchos de estos
varones, debido a que durante la flor de su juventud no conocían a otras, lo que tuvo
efectos desastrosos sobre la convivencia entre los sexos. Podemos decir que la imagen
magnífica y enaltecida que la revolución positiva de la Alta Edad Media hispánica otorgó
a la mujer comenzó a perderse en el seno de las clases modestas, sobre todo a causa de la
existencia de ejércitos permanentes, a partir del siglo XVIII, aunque el proceso fue muy
largo, pues sólo culminó con el franquismo, y ello con reservas de importancia, por la
resistencia popular.
Lo que vulgarmente se entiende por “macho”, esto es, un varón chulesco,
violento, inmoral y misógino, es una creación sobre todo del ejército, por el que fueron
forzados a pasar todos los hombres, no algo inherente a la condición masculina. Ahora,
cuando miles de mujeres (que, no tardando, serán decenas de miles y después cientos de
miles) se están incorporando a las fuerzas armadas, cuerpos policiales y compañías de
seguridad, así como a otros organismos estatales y a las empresas, con funciones de
mando, una parte de ellas inevitablemente está desarrollando la misma mentalidad sádica
y brutal propia de un cierto número de varones. Los seres humanos, las mujeres igual que
los hombres, son plásticos y moldeables, para bien y para mal, llevan una existencia
concreta y su idiosincrasia resulta de causas perceptibles, en general de naturaleza
política y social, no de brumosos esencialismos, o de oscuros determinismos tomados del
social-darwinismo, como la noción de “macho agresivo”.
Desde el siglo XIX se desencadenó una vehemente militarización de la sociedad
.La constitución de 1812 (art. 9) y sus sucesivas actualizaciones, fueron el origen de una
legislación terrorífica, que afectaba sólo a los varones. Al igual que en toda Europa.
Conmueve leer los datos sobre bajas en la I guerra mundial (1914-18): 1,7 millones en
Francia, 2 millones en Alemania, 600.000 en Italia, 700.000 en Inglaterra11. En Francia
pereció el 27% de los varones entre 18 y 27 años, porcentaje pavoroso, mientras que el
número de mujeres muertas por la guerra en ese tramo de edad fue muy escaso12.
Un testimonio del espanto que producía en las familias la incorporación de sus
hijos a las listas de mozos para el cupo militar, la tristemente famosa “contribución de
sangre”, se encuentra en “Recuerdos de una humilde aldeana”, Anastasia Mangada. Las
familias pagaban durante muchos años seguros contra las quintas, vendían sus bienes y se
arruinaban para eximir a sus hijos de la incorporación a filas, abonando al Estado la
cantidad exigida. En la guerra de 1895-98 hubo en las colonias, Cuba sobre todo, unos
330.000 soldados de reemplazo, de los cuales 55.000 murieron, los más por
enfermedades. De los que regresaron una gran parte lo hizo con la salud quebrada,
hombres jóvenes devastados por las dolencias tropicales , falleciendo muchos de ellos en
los años posteriores, en ocasiones tras una larga agonía, habiéndose visto obligados no
pocos a ejercer la mendicidad. En julio de 1921, en dos días, 19.000 soldados del ejército
español murieron en Annual (Marruecos).
En la batalla del Ebro, en julio-noviembre de 1938, hubo 130.000 bajas entre
ambos bandos. Los que murieron fueron, a menudo, los más afortunados, pues los vivos
padecieron bombardeos sin fin, asaltos frontales, heridas y enfermedades, una vida
infrahumana en las trincheras, sed y calor en verano, frío y humedad en otoño, en todo
tiempo el espantoso hedor y visión de cadáveres en descomposición. No pocos enloquecieron, y una parte de los supervivientes quedaron psíquicamente dañados para el
resto de sus vidas. A los hombres, pues, se les otorgó la patria potestad también para
atarlos a una vida en la que la guerra era su destino. A las mujeres se las dejó disminuidas
legalmente, pero se las mantuvo fuera de los ejércitos, al margen de las guerras. Unos y
otras fueron sacrificados, aunque de manera diferente, a la razón de Estado. Ambos
víctimas del mismo statu quo, de las mismas instituciones.
Con el franquismo, 1939-1977, lograron las elites establecer una preterición estable
de las mujeres, y asentar la idea de la “inferioridad” de aquéllas, que justifica su tutela
por padres o esposos, pero con limitaciones pues siempre encontraron reticencias, en
buena parte de la población masculina y femenina. Aunque su política natalista, por
motivos industrialistas y militares, era agobiante, siempre tuvo elementos
contrarrestantes, pues no estaba al margen del ascenso hacia la modernidad. Alentó el
que un porcentaje de mujeres no desdeñable trabajase fuera de casa. Impulsó los
mecanismos para la destrucción de la familia si bien bajo una retórica sobre su defensa,
lo que es coherente con las necesidades esenciales del orden vigente. Aunque mantuvo la
restricción de derechos legales a las mujeres, hizo que éstas irrumpieran en masa en la
enseñanza superior lo que contenía la exigencia de la ulterior “liberación” de aquéllas.
Hay que recordar que si el franquismo reforzó el régimen de tutela masculina de la mujer
al mismo tiempo descargó lo principal de sus acciones represivas sobre los varones.
Éstos constituyeron más del 90% de los por él punidos.
Para imponer los intereses del Estado a las mujeres creó la Sección Femenina, del
partido fascista en el gobierno, FET y de las JONS, que es el antecedente del Instituto de
la Mujer y del Ministerio de Igualdad. Aquélla y éstos conciben a las féminas como
pertenencia de las instituciones políticas, sometidas a sus designios estratégicos,
cambiantes según las circunstancias13. Es aciago que desde cierto feminismo se presente
de manera favorable aquella institución fascista. Se hace en “Las mujeres en el fascismo
español. La Sección Femenina de la Falange, 1943-1959”, de Kathleen Richmond. Tras
ello está la deriva de extrema derecha de una parte del movimiento que dice defender a las mujeres. Otra muestra de eso es la consigna, “Contra violación, castración”, que pide
la mutilación física como pena de un delito, abominable sin duda, pero cuya punición ha
de quedar, como cualquier otro, fuera de lo cruel. Coinciden en ello con la Alemania
nazi, pues durante los años 1937 a 1942 fueron castrados 150-200 varones anualmente,
por delitos sexuales(14).
Otra idea común de cierto feminismo y la ideología de los fascismos es que uno y
otros ponen el odio en el centro, aquél a los hombres, éstos a los comunistas, judíos y
masones. Cuando la voluntad de odiar se hace vehemente y compulsiva, hasta el punto de
que la existencia toda de la persona se sustenta en el aborrecimiento, lo que se crea son
fanáticas y fanáticos incapaces de reflexionar, por tanto, sujetos dóciles que el poder
maneja a su antojo. Recordemos que el Gran Hermano orwelliano imponía a la población
unos minutos diarios de odio, con ese propósito.
En el presente
Hoy se ha creado para las mujeres un conjunto de teorías convertidas en sistema
de adoctrinamiento que, al estilo de la publicidad comercial no se propone demostrar sus
fundamentos con el estudio imparcial de la realidad sino que se basa en la repetición de
unos principios dogmáticos que han de ser asumidos por fe y apela sobre todo a la
emocionalidad, factor éste integrante de la noción del “eterno femenino”, de una
misoginia irritante, pues ignora la inteligencia de aquéllas y absolutiza su parte intuitiva.
Ante ello hay que acordar, con el filósofo William James, que “no es fe lo que más falta
le hace a la humanidad en general, sino prudencia y sentido crítico” (15).
El ascenso de un feminismo promovido desde arriba hasta la conversión de su
doctrina en programa de un ministerio (el de Igualdad), resulta de la fusión de un
movimiento que tuvo carácter de masas con los medios de “la sociedad de la
información”, cuya potencia para transformar ilegítimamente la conciencia social e
individual se ha multiplicado en los últimos decenios. Ello ha permitido cambios tan
decisivos en la vida de las mujeres como en su pensamiento.
Superada la fase del sufragismo, la “liberación” femenina se definió como el
efecto necesario de la incorporación de las mujeres al trabajo asalariado. Hacerse con dinero propio, alcanzar el éxito profesional, lograr poder y mando bien remunerado
accediendo al funcionariado estatal e incluso labrarse una fortuna en los negocios fue
considerado la meta principal que debían marcarse todas las mujeres, el mecanismo
cardinal de su realización personal e independencia (16). Esto equivalía a sostener que el
orden capitalista, por sí mismo, en su desarrollo ineluctable, era el destinado a
“emancipar” a las féminas, dada su avidez por contratar cada vez más mano de obra. Este
planteamiento, aunque se ha calificado de “radical”, se inscribe en el ideario más
conservador y se basa, además, en una grave distorsión de la realidad histórica, pues en
nuestro siglo XIX fue muy fuerte la resistencia de los varones al trabajo asalariado,
considerada una actividad servil, próxima a la esclavitud, además de moralmente
degradante, por su íntima conexión con el dinero. En consecuencia, no se logra
comprender por qué lo que es funesto para los hombres habría de ser magnífico para las
mujeres, cómo es posible que lo que aquéllos combatieron éstas deban demandarlo con
embeleso. Pero por ello, las féminas se han convertido en un factor decisivo para el
crecimiento del país como potencia mundial, desde su precaria situación precedente,
pues no sólo se han incorporado varios millones de personas al tejido productivo
dominado por la clase empresarial sino que son una fuerza de trabajo especialmente
motivada, entusiasta y entregada (17), debido a que se las ha persuadido de que, al ser
explotadas, se “liberan”...
El franquismo no fue contrario a la incorporación de las mujeres a la vida laboral
asalariada, pues si idealizó en una época al ama de casa confinada en el hogar y dedicada
al cuidado de los hijos lo hizo porque la salida masiva de familias desde la ruralidad a
las grandes ciudades lo requería ya que las mujeres perdían las redes de apoyo que en la
sociedad agraria permitía conciliar el trabajo productivo (a menudo no asalariado) y la
crianza. De modo que el encierro hogareño fue solo un episodio necesario en el que las mujeres rurales y populares olvidaron su vida pasada para poder integrarse en la
sociedad urbana moderna (18).
Así, en 2008, las mujeres trabajadoras por cuenta ajena eran nueve millones y
medio, el 44% del total de los asalariados. Espoleadas de forma permanente por los
aparatos de propaganda, el empleo se ha convertido en la primera aspiración u obligación
de las españolas. Es significativa la consigna-orden que aparece en una revista femenina,
“Enamórate de tu trabajo”, lema doblemente aberrante por el carácter despótico del
mandato y por llamar a las mujeres a poner la producción por encima de la vida,
sacrificando ésta al dinero, que aparece como redentor, mientras el marido es presentado
como opresor y los hijos como “explotadores” de sus madres. Así se realiza el conocido
ideario implícito en ciertas teorías sobre la emancipación de la mujer, a saber, “todo por
la producción”, y “todo para la clase empresarial”. La búsqueda de la máxima ventaja en
el mercado laboral es el principal motivo por el que accede un buen porcentaje de
mujeres a la Universidad. Son ya el 53% de los titulados universitarios, (lo que aboca a
un futuro “matriarcado”, de muy peculiar naturaleza), pero lo cierto es que cada vez
resulta ser menor el interés de las féminas, con las excepciones de rigor, por el
conocimiento o la verdad, pues no buscan casi otra cosa que aquello que tiene mayor
salida profesional.
Pero el gran éxito conseguido tiene su origen en la combinación de múltiples
modos y procedimientos de aleccionamiento, nacidos de la fusión de lo más significativo
de los movimientos feministas con el poder constituido, lo que da origen a lo que se ha
llamado feminismo de Estado19. El Instituto de la Mujer se creó en 1983, bajo el gobierno
del PSOE, y ha desarrollado desde entonces una enérgica actividad, con campañas de
prensa y televisión, pero sobre todo formando un ejército de agentes que han llevado a
todos los rincones del país un conjunto de ideas y normas, transformando la conciencia
social de forma decisiva20. Con el lenguaje de la sicología, ordena a sus súbditas que se
ocupen de sí mismas y de su propio interés, expresado en el aspecto crematístico. Esto es, se las conmina a pasar de la cosmovisión del amor a la del egoísmo, sin la cual el
capitalismo no puede operar de forma óptima. La relación de muchas mujeres con el
dinero se ha alterado de forma esencial, apareciendo la figura de la consumidora
compulsiva, personaje destructivo, violento y degradado que nunca considera suficiente
la cantidad de bienes y servicios de que se apropia. Han sido principalmente mujeres las
que, por ejemplo, han conseguido hacer de El Corte Inglés la segunda cadena minorista
del mundo, con un volumen de ventas de 17.400 millones de euros en 2008.
Además de la escalada consumista, la “recompensa”, para un sector de las
féminas, ha sido el ascenso en el escalafón de mando de las empresas. Es común oír que
el poder, empresarial o funcionarial, de las mujeres tiene un carácter más democrático y
humano afirmación sexista desmentida por los hechos, que dejan claro que su condición
biológica no determina el ser portadoras de valores superiores. Hoy puede observarse que
el que más y más mujeres ocupen cargos de responsabilidad en las empresas no ha
humanizado las condiciones de trabajo, no ha mejorado la convivencia, ni siquiera entre
ellas, ni ha construido la hermandad de género que se prometió. Hoy más que nunca
cientos de miles son atropelladas y vejadas en su vida laboral por otras mujeres, sus jefas,
que procuran hacer sentir su superioridad sobre sus subordinadas a menudo con más rigor
que los hombres, para demostrar a todos que pueden ser tan duras y desalmadas como
aquéllos. Ni siquiera se ha conseguido la igualdad salarial, pues la discriminación, tan
intolerable, en este aspecto es del 20%, e incluso más .
El salariado nunca emancipó a los hombres, más bien al contrario, ni tampoco
liberará a las mujeres. Los autores clásicos, desde Aristóteles, consideraron el trabajo por
una contraprestación monetaria como quehacer no libre, similar al de los esclavos21, y
sólo la sociedad moderna, destructora de la civilización, ha conseguido borrar la
comprensible aversión que hacia él se ha tenido durante milenios. Cierto feminismo ha
desempeñado un papel fundamental en ello, idealizando contra toda evidencia una forma
de trabajo que es siempre dirigido desde fuera, organizado jerárquicamente y que genera
servilismo, arruina la inteligencia, agota las capacidades volitivas, lleva a la inmoralidad,
hunde la sociabilidad, se mofa de la libertad civil y devasta la sensibilidad, mucho más en
el presente, cuando además está maquinizado. Por causa de él, la esencia concreta
humana hoy está siendo aniquilada22. Ciertamente, todas y todos, con cada vez menos excepciones, estamos obligados, en la actual formación social, a realizar trabajo
asalariado, pero ello ha de considerarse como una penosa obligación, no como una
práctica “emancipadora”, ni para los hombres ni para las mujeres. Desde luego, no es
menos embrutecedora la situación del ama de casa, figura patética, creada por el
franquismo, hoy en fase de extinción. Lo que prueba que en el actual orden no hay
solución a los problemas fundamentales.
Puesto que el trabajo a salario es una tarea extremadamente reglamentada en
cuanto a horarios, espacios y dedicación produce una ruptura de la existencia de las
personas en dos mitades, lo personal, o privado, y lo laboral. Antes de la generalización
del mismo, lo doméstico y los trabajos útiles formaban parte de las labores ineludibles
para satisfacer las necesidades básicas de las personas. Integradas en la vida estaban
igualmente todas las actividades y situaciones que permitían y mejoraban la convivencia
y el amor mutuo, así como las que tenían por objeto la estética o el desarrollo del mundo
espiritual, las de aprendizaje y las lúdicas. El laborar asalariado rompe la unidad de la
existencia de los individuos, lo doméstico es satanizado como esfera opresiva por
excelencia, y por ello se ha convertido en un problema perpetuo, tanto social como
individual.
La mercantilización de las tareas del hogar23, sobre todo por la incorporación
masiva de mujeres inmigrantes, es decir, por la descarga de estas faenas sobre otras
mujeres venidas de fuera del mundo occidental, convierte la “liberación femenina” en
una nueva forma de explotación de mujeres por mujeres, pues las de los países ricos
logran tal meta a costa de sus criadas. La inmigración, que es una forma de expoliación
de los países pobres, ha transformado también la función asignada a las mujeres en el
pasado por el Estado para cubrir sus necesidades demográficas, derivadas de las
exigencias de mano de obra, pero, sobre todo, de los requerimientos militares, España
tiene una población extranjera diez veces superior a su crecimiento natural por
nacimientos, y gracias a ello el país se puede permitir una natalidad muy lejana a la tasa
de reposición de la población pues trasladan los costes de la crianza de los seres humanos
a las mujeres de los países de Tercer Mundo. Todo esto pone en evidencia los principales
presupuestos teoréticos del feminismo oficialista.
Una parte de las teorías sobre la liberación femenina ha justificado su vehemente
negación de la maternidad argumentando que las mujeres son usadas como fuerza
reproductiva por “la burguesía”, lo que es un análisis simplificado y manipulador,
además de anclado en el pasado, que encubre la coincidencia total entre esa propuesta y
la de las estructuras de poder en la actualidad. Además ignora la maternidad/paternidad
como experiencia humana esencial y compleja, que integra impulsos sexuales primarios,
procesos afectivos, categorías morales, satisfacción de necesidades básicas y esenciales
elementos culturales y sociales y cuando la considera lo hace como un asunto solo de
mujeres, expulsando del hecho reproductivo a los hombres, negando la paternidad como
el otro polo de un mismo proceso, alterando con explicaciones simplistas y falaces la
conciencia, en aspectos tan íntimos y subjetivos, de millones de mujeres y hombres y
generando un gran desorden en su mundo interior que, en el caso de las féminas, ha
empujado el ascenso de los disvalores del amor al dinero, servilismo hacia el empresario,
fascinación por el poder y cosmovisión del odio.
El embarazo y el parto habían sido ya denigrados desde hace mucho por un
feminismo misógino que considera que la biología de las mujeres determina su
“inferioridad”(24). Las agencias gubernamentales de “igualdad” han desarrollado un
auténtico bombardeo de propaganda institucional contra la maternidad, generando un
moldeamiento coercitivo de las mentes de la mujer, y también del varón, al que resulta
muy difícil sustraerse, y que constituye una radical desvalorización de la fecundidad con
argumentos tan mendaces como los que se pueden leer en un diario de gran tirada, “se
limita (el bebé) a estrujar las ubres que le sostienen. Pero aparte de un calor humano
animal, no produce un intercambio, sólo recibe. Pero se mitifica la maternidad para que
nadie pueda racionalizar el proceso… esta gratificación impide muchas veces a las
mujeres que su carrera profesional… pueda a su vez ser gratificante”25 . La resistencia a
las posiciones ortodoxas ha sido mínima (26).
Por ello las madres, en particular las de familia numerosa, son hoy un sector
discriminado y humillado, mientras que quienes adoptan una sexualidad no reproductiva
han sido entronizados, se apoderan de sustanciosas ayudas estatales y son puestos como
modelo de comportamiento por todos los medios de comunicación. A las madres, por el
contrario, en lo que es un renacer del peor machismo, se las presenta como retrógradas,
incultas, estúpidas o sumisas (27), de modo que muchas mujeres reprimen su deseo de
maternidad a causa de la influencia de las ideas dominantes, por temor a ser linchadas
socialmente (28).La presión que se recibe no es sólo psicológica pues el embarazo, la baja
maternal o la petición de jornada reducida para cuidar a los hijos siguen siendo un factor
de riesgo muy importante para perder el empleo, arruinar la propia carrera profesional o
sufrir acoso. De ese modo, una de las libertades civiles fundamentales del ser humano,
que por su propia naturaleza es pre-política e irreprimible, la de ser madre o ser padre, es
hoy violada con naturalidad todos los días, por el orden establecido.
En 2006 nacieron 482.957 niños y niñas en España y se realizaron 101.592
abortos, lo que significa que abortaron el 21% de las embarazadas, un hecho que debería
ser analizado con detenimiento para aclarar en qué medida estos datos se corresponden
con la decisión autodeterminada de las mujeres o con otros imperativos menos
honorables. Se sabe, como se ha dicho, que el trabajo es un fundamental elemento causal
en la decisión de abortar para muchas mujeres (29), lo que significa que las empresas
capitalistas dirigen la vida íntima de las personas y someten a sus empleadas a un grado
de servidumbre mayor que el de los periodos más oscuros de la historia. Ahora bien, las mujeres no pueden ser vistas como víctimas pues también son responsables de asumir
ciertas ideas y concepciones del mundo incompatibles con los hijos, en concreto su
incorporación a formas de diversión degradadas y ciertas formas de vida, trabajo y ocio
tienen, tal vez, un peso mayor que otras circunstancias en la decisión de abortar. De
manera que es razonable pensar que nacerían más niños si las mujeres no se hubieran
dejado someter por la coacción de las empresas, la manipulación ideológica y la
degradación de las costumbres.
Lo que es cierto es que hoy no se dispone de la misma libertad para abortar o ser
madres por todos los factores enunciados, pero sobre todo por otro principal, que es el
declive de la capacidad afectiva observable en un número cada vez mayor de féminas e
inducido, en gran parte por la propaganda de instancias oficiales y extraoficiales. El
aborto, que es a veces una dolorosa necesidad, y, por lo tanto, no puede ser suprimido o
reprimido, no debería ser ampliado hasta el infanticidio, pues eso nos acercaría al infame
derecho romano que otorgaba al “pater familia” la potestad de matar a sus hijos. La
trivialización de este delicado asunto forma parte de la mentalidad de la sociedad
moderna, que frivoliza y desacraliza todo, todo salvo el dinero y el poder.
El aborto, así como todas las formas del sexo no reproductivo, son hoy
promovidos desde arriba, de manera que la natalidad seguirá declinando. La velocidad
con esto sucede demuestra que no hay nada en la biología femenina que, por sí mismo,
actúe a favor de la vida. De hecho, el sentimiento maternal ha sufrido muchos cambios a
lo largo de la historia, y ha llegado incluso a casi desaparecer, aunque es cierto que ello
se hace a expensas de un grado de destrucción personal y social, afecciones psíquicas y
deterioro moral que afectan tanto a las mujeres como a los hombres.
La publicidad con sus mecanismos para asaltar los últimos reductos de la psique
humana, hace su contribución a la caída de la natalidad, por ejemplo, diseñando un
modelo físico ajeno a la fertilidad: cuerpos famélicos y enfermizos, andróginos y estériles
que son el espejo en el que se han de mirar las mujeres. A éstas hoy se las prohíbe de
hecho ser madres porque son necesarias para alimentar el descomunal aparato productivo
de las sociedades de la modernidad tardía, nutrir las filas de los ejércitos que permitan la
expansión de las potencias más poderosas del planeta, sustentar los organismos de un
Estado que crece sin medida y consumir (destruir) cantidades crecientes de objetos y
servicios. Resulta lamentable que algunas quieran “defender” la maternidad
degradándola a un derecho otorgado por el gobierno, y convirtiendo a niñas y niños en un
objeto de consumo o una experiencia gratificante. Todo eso es un envilecimiento
inadmisible de un acontecimiento, el ser madres/padres, integrado en un complejo de
factores físico-psíquicos que son parte decisiva de la esencia concreta humana.
Las conclusiones se pueden exponer como siguen. Los Estados no pueden
imponer sus intereses en el ámbito de lo demográfico a la sociedad, de manera que la
maternidad y paternidad ha de quedar al margen de la política, como una libertad civil
pre-política. Cada mujer, en una sociedad libre, ha de tener exactamente la misma
posibilidad real de no tener ningún hijo o de, pongamos por caso, tener 20. Las campañas
de aleccionamiento de la población, en particular las que parten del ministerio de
Igualdad y de los grupos que son su terminal orgánica en la calle, han de cesar. Es
intolerable que los defensores a ultranza del sexo no reproductivo sean apoyados y
protegidos por las autoridades, mientras que las madres y padres sufren discriminación y
persecución. El aborto, para ser libre, para perder su carácter actual de imposición
empresarial y estatal, ha de gozar de las mismas prerrogativas efectivas, pero no más, que
su contrario, la maternidad. Finalmente, para que prevalezca un ideal de justicia
universal, las mujeres de los países ricos no pueden “liberarse” a costa de las mujeres de
los países pobres, y toda formación social específica ha de ser autosuficiente en lo
demográfico, sin hurtar población a otras, ni enriquecerse prodigiosamente con tal
actividad.
Cuando Kate Millet, en “Política sexual” (obra del primer feminismo, aparecida
en 1969) arguyó que “el amor es el opio de las mujeres”, el hombre fue señalado como
enemigo. Y se redefinió lo femenino conforme a los intereses estratégicos del statu quo,
que excluye los afectos y las formas de la convivencia con los iguales, a la vez que exalta
los disvalores de dominio, poder, autoridad, dinero, acumulación de capital, medro,
bienestar material y agresividad. Éstas son las categorías negativas aptas para constituir a
las féminas en enardecidos escuadrones destinados a la producción-consumo, o a la vida
militar.
La crítica necesaria del amor romántico, que era una forma degradada, falsa, de
aquél, fue la excusa para introducir una visión retorcida de las relaciones humanas (30). El romanticismo, producto de la novela y el cine, escondía el proceso por el que la vida
afectiva y convivencial de los sujetos estaba siendo destruida, maniobra paralela a la
trituración de la sociedad rural y el ascenso de la vida urbana, que supuso la desaparición
de la comunidad tradicional como trama relacional de una extraordinaria eficacia, por su
complejidad y multilateralidad31. En ese mismo proceso, la familia nuclear, que existía
unida a la familia extensa, la vecindad y las numerosas redes de ayuda mutua, estructuras
en las que se desarrollaba de forma diversa, cariñosa, comunal y enriquecedora la vida de
los individuos, pasó a disociarse de su marco, por el avance imparable del proceso de
asocialización y atomización. En efecto, familia nuclear ha sido el estadio anterior a la
destrucción de casi toda forma de agrupamiento natural de las personas al margen del
ente estatal y sus organismos generados, situación que está a punto de ser alcanzada en el
presente. No hay que olvidar que ello se realiza a la luz de un axioma político, tan simple
como eficaz y terrible, “divide y vencerás”.
C. Lasch estudia la descomposición de la institución familiar en EEUU y
concluye que ello ha tenido como resultado “el restablecimiento del despotismo político
en una forma basada no en la familia sino en su disolución. En lugar de liberar al
individuo de la coerción externa, la decadencia de la vida familiar lo somete a nuevas
formas de dominación, mientras que al mismo tiempo debilita su capacidad para
resistirlas”32. En el Estado español la transición se hizo durante el franquismo y su agente
fue, en buena medida, una parte de las mujeres, que fueron convertidas en las guardianas
(cuasi policías) del hogar, rediseñando una familia volcada hacia sí misma y mudada en
una ciudadela de egoísmos compartidos, frente al mundo exterior. Ello viene a significar
que lo familiar fue desintegrado como unidad de afectos, colaboración y apoyo mutuo
para transformarse en una agrupación de consumo, competitividad y medro social, lo que
era el paso previo a su definitiva liquidación.
Se ha de tener en cuenta que la mayoría de las madres de familia del franquismo
no educaron a sus hijas para el “matrimonio cristiano y la maternidad” sino, sobre todo,
para el trabajo asalariado, el consumo, la pasión por el dinero y el éxito profesional, de
modo que fueron quizá la primera generación que se libró del “opio del amor”. Ya durante los años cincuenta y sesenta se había impuesto, a través de los aparatos de
creación de opinión, una fémina que consideraba el enfrentamiento permanente con el
varón como una prerrogativa propia de su condición, con la que se desquitaba de la
discriminación legal a la que era sometida por el Estado, así como de la vida frustrante,
empequeñecida y triste que llevaba, sobre todo en las ciudades. El feminismo sexista ha
tomado mucho de ese modelo de mujer.
El aborrecimiento irracional a los hombres ha ocupado las mentes de gran parte
de las mujeres en los últimos decenios, formando una imagen de depravada de los
varones, que toma al rufián provocador y pendenciero de taberna como representante del
género masculino; un tipo de machista que fue marginal en la sociedad hasta que el cine
y la novela lo endiosaron, pero que se convirtió, para un feminismo intelectualmente
inane, en pretexto destinado a vejar y humillar a los hombres, a la vez que, no tan
paradójicamente como pudiera parecer, en guía del comportamiento femenino33. De
modo que imitando esa supuesta naturaleza del “macho”, enemigo y admirado, se ha
impuesto un modelo de mujer violenta, inmoral e insolente que aparece con naturalidad
en anuncios publicitarios, películas, series televisivas, novelas y en las artes visuales, en
actitudes de agresividad gratuita y sin sentido, las mismas que configuraban al hombre
machista fabricado por la cultura del espectáculo.
A pesar de las evidencias se sigue afirmando que la violencia es intrínseca al
varón, ideología determinista biológica que en muy poco se diferencia del ideario del
racismo más consecuente, el nazi. La noción de hombre agresor orienta la Ley
Orgánica1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que
fue aprobada, significativamente, por unanimidad en un Congreso mayoritariamente
masculino, pues en 2004 solo el 36% de los diputados eran mujeres. Esta ley, que castiga
a los hombres sólo por serlo (a la vez que denigra, de hecho, a las mujeres, al
considerarlas particularmente vulnerables y objeto de especial protección del Estado, es
decir, incapaces e inferiores), se vale de la desfachatez de que siendo las instituciones del poder las causantes de la discriminación de las mujeres, se proclaman ahora sus
“emancipadores”, tomando a los varones como chivos expiatorios.
Por ello, aunque en el preámbulo se habla de la discriminación femenina en el
plano familiar, social y laboral solo se legisla el castigo a los maridos o parejas, de modo
que el maltrato a las mujeres en las ergástulas del trabajo asalariado, el acoso y violencia
sexual a gran escala en las empresas (ignorados y tapados pero existentes) incluso la trata
de mujeres y su esclavitud en la prostitución, no forman parte de las medidas de castigo
severísimo que la ley establece. Así que estatuye que los hombres son los responsables
de la opresión femenina solamente si tienen una relación familiar pero son sus
“liberadores” si son diputados, jueces, policías, carceleros, militares, empresarios,
comunicadores u otros con poder. Por un procedimiento tan simple se adoctrina a las
mujeres para que odien a los varones que son sus iguales y veneren a los que son sus
jefes. Todo ello evidencia que los argumentos de la ley son los del sexismo, concepción
nefasta con independencia del signo que tenga, machista o feminista, pues promueve la
desconfianza, el recelo y el miedo en las relaciones entre los sexos, las cuales de manera
natural, si no hay intervención institucional, se asientan en el afecto, la confianza, la
comprensión mutua y el amor.
En contra de la tesis de que la violencia física contra la mujer es estructural y
basada en la biología y la desigualdad histórica entre los sexos, se encuentra la evidencia
del crecimiento de la agresividad interpersonal en toda la sociedad. Es sabido que
muchas familias viven un infierno de maltrato físico y psicológico por parte de las y los
adolescentes, adoctrinados por las elites mandantes en la noción de la “rebelión” contra
sus progenitores, lo que forma parte de una “cultura juvenil” que los endiosó durante
varios decenios, para lanzarles luego al arroyo, como probablemente harán con las
mujeres de aquí a no mucho, sometidas a un proceso de manipulación bastante similar (34).
El acoso escolar se está convirtiendo en otra fuente de sufrimiento para los más débiles
en una sociedad de depredadores. Crece el maltrato a los ancianos, que dada su mayor
longevidad son sobre todo mujeres. Los centros de diversión mercantilizada son otro foco
de conflicto y violencia. Un número cada vez mayor de féminas participa en reyertas,
matando o dañando a otras mujeres, o a varones. Lo cierto es que el 99,9% de los hombres no practica la agresión a las mujeres, pero se utiliza lo que es obra del 0,1% para culpar a los varones en general. Aunque hoy elnúmero de féminas asesinadas por sus parejas es cuatro veces superior al de hombres, de estos últimos, en tanto que víctimas, apenas se habla, ni de que la violencia femenina contra ellos esté creciendo de año en año, amparándose, además en el trato de favor que
les da la ley (35). Lo también observable en el tiempo en que se ha aplicado la legalidad en
vigor es la intromisión inadmisible de las instituciones gubernamentales en la vida íntima
de las personas36, el incremento constante de los cuerpos policiales y parapoliciales (una
parte de las tareas policiales derivadas de las órdenes de protección de la LOVG se
trasladan a empresas privadas), de los juzgados, funcionarios y profesionales de todo tipo
que han de ser pagados a costa del aumento de los impuestos y, por lo tanto, del tiempo
de trabajo de los millones de mujeres y hombres que agotan sus vidas en fábricas y
oficinas. Hay que añadir, además, que el número de las féminas agresoras ha de ascender
en los próximos años, como resultante necesaria de los cambios sociales en curso, lo que
tal vez deje en evidencia a la actual legislación en un futuro no lejano.
De todo ello está resultando el crecimiento del desencuentro, la incomprensión y
la desunión entre los sexos, expresado en el crecimiento imparable de las rupturas
matrimoniales que dejan un rastro de fracaso, amargura y soledad (37). Los asesinatos de
mujeres por varones, cuestión terrible y muy necesitada de un urgente remedio, no puede
ser abordada, como hace la Ley de Violencia de Género, con medidas exclusivamente
judiciales y policiales, represivas. Ello la acerca al modelo franquista, como se ha dicho
en ocasiones. Además de promover de una manera colosal el Estado policial es una ley
injusta, pues discrimina y castiga a los hombres, y también una ley inoperante, o peor aún, contraproducente, al cooperar con el mal que dice querer atajar. En efecto, mientras
se predique, incite y azuce al odio sexista, y mientras no se realice una igualdad rigurosa,
política, jurídica y civil, entre los dos géneros, la violencia entre éstos será inevitable,
mueran mujeres o mueran hombres. La solución es el esfuerzo por reconciliar a mujeres
y hombres, superando ambas formas de sexismo, retornado a un estado en que sea la
cortesía, el respeto, la alegría de estar juntos, compartiendo la existencia, y el afecto, los
valores dominantes, practicados por todas y todos.
Un cambio decisivo en la cosmovisión de millones de mujeres, ha conseguido que
hoy deploren el amor y consideren con antipatía a los niños y niñas. Las beneficiarias de
esta decisiva “revolución” del desamor han sido las elites gobernantes de Occidente, pues
las féminas son llamadas hoy a colaborar en la política militar de los Estados, no como
madres, sino como soldados. En las fuerzas armadas españolas aunque las mujeres
representan, por el momento, sólo el 13% de la tropa, el número de las que se incorporan
ha tenido un crecimiento anual del 60%, y son ya el 25% de los alumnos de las Escuelas
Militares, pronto empezarán a alcanzar el grado de general las primeras que cumplan los
requisitos de formación y antigüedad. Además, son ya un tercio de los Reservistas
Voluntarios. En la Legión, unidad militar de choque extraordinariamente agresiva,
fundada por F. Franco, considerada hasta hace muy poco reservorio de los disvalores
machistas más hórridos, el 9% de sus efectivos están formados hoy por mujeres,
porcentaje que tiende a incrementarse con rapidez.
En 2008 Rocío González fue la número uno de su promoción como piloto de
ataque. Las féminas forman parte de las unidades de primera línea, mantienen
helicópteros, conducen tanques, son asesoras jurídicas militares y patrullan en zonas en
guerra. El aparato militar no ha manifestado ninguna inquietud por todo ello, antes al
contrario, los estudios realizados demuestran que el grado de eficacia de las compañías
mixtas es el óptimo; de hecho, una encuesta muestra que el número de varones que, en el
ejército español, manifiesta aceptar compañeras en puestos de combate es mayor que la
de mujeres disponibles, por el momento, para cubrirlos. La institución militar espera
mucho de las mujeres, y se presenta hoy ante la sociedad con un rostro femenino, el de
la ministra de Defensa.
Se argumenta, con razón, que estos acontecimientos son la ruptura con uno de
“los estereotipos dominantes de la cultura occidental”, el de que “los hombres son los
militares y los perpetradores, las mujeres son las pacifistas y las víctimas, los hombres
inician las guerras, las mujeres intentan detenerlas”(38). Así es, y ello demuestra que los
cambios inducidos desde las instituciones en el patrón de la feminidad tienen objetivos
puramente pragmáticos, dado que no buscan “liberar” a las mujeres sino hacerlas aptas
para la milicia y la guerra.
La creación de unas fuerzas armadas profesionales ha sido uno de los proyectos
centrales del Estado desde la culminación de la Transición del franquismo al
parlamentarismo, en 1974-78. El ejército de reemplazo era obsoleto ya en los años
ochenta pues la caída de la tasa de natalidad hacía prever una disminución notable de los
soldados de quintas. Pero sobre todo había dos aspectos más que lo hacían inviable, la
percepción social de que tal institución representaba los principios del régimen franquista
y era una amenaza permanente para la sociedad civil, y la imposibilidad de hacer crecer
la influencia del Estado español a escala mundial, pues el envío de efectivos militares
fuera de nuestras fronteras no era hacedero con tropas de reemplazo. La incorporación de
la mujer contribuyó a dar solución a todos los inconvenientes, pues con “la declinación
de la disponibilidad de hombres de 18 años y el desinterés generalizado por la profesión
militar, el mantenimiento de un número casi constante de aspirantes a las FFAA sólo ha
sido posible gracias a la creciente participación de mujeres en las sucesivas
convocatorias” 39. En la actualidad las complejas modificaciones descritas han permitido
destinar al exterior casi 8000 militares, una parte significativa mujeres, suprimiendo el
tope de 3000, que existía hasta 2008.
La valoración social del ejército, con todo ello, se ha transformado radicalmente
siendo la institución del Estado que mayor confianza despierta en la población según un
sondeo del CIS en 200840, consiguiendo crear entre los ciudadanos la idea de unas
fuerzas armadas modernas y progresistas, feministas y humanitarias, cuyo mejor símbolo
es la imagen femenina (que seguirá siendo socialmente una representación “pacifista”),
junto con eventos como el acto institucional desarrollado en un acuartelamiento de
Getafe (Madrid) para celebrar el Día de la Mujer Trabajadora en 2007 (41), o los anuncios
televisivos de reclutamiento que, no casualmente, exhiben mujeres uniformadas como
representación de la institución militar.
Epílogo
El código napoleónico, y el resto de la vieja legislación patriarcal resultó de las
realidades de su época, en primer lugar de la pugna permanente, política, militar,
económica y demográfica, entre “las naciones” (en realidad, los Estados territorialmente
desplegados) resultantes de las revoluciones liberales. Las economías “nacionales”
debían competir entre sí a escala planetaria, igual que los aparatos militares. Pero éstos
no se adecuaban a la noción de “guerra total” y no consideraban conflictos de muy alta
letalidad. Todo eso hacía necesaria, para los Estados, la preterición femenina.
Con la I guerra mundial ello se alteró. Es cierto que ésta no fue todavía una “guerra total”
pero se aproximaba, por la incorporación de mujeres a la industria bélica, en Inglaterra
sobre todo. Los vencedores pudieron enjugar su déficit demográfico masculino con la
emigración, por ejemplo, Francia, que tras 1918 atrajo a polacos, españoles, italianos y
otros. Ello evidenció la posibilidad de “emancipación” de las mujeres de los países ricos
traspasando los gastos de crianza de seres humanos a los territorios de emisión de
emigrantes, así como los esfuerzos de la maternidad a sus féminas. Al mismo tiempo, al
ente estatal y a la gran empresa le era imprescindible modificar el estatuto legal y social
de la mujer, para que sustituyera a los millones de varones jóvenes muertos. Por ello el
mayor desarrollo teórico del feminismo hoy oficialista tuvo lugar en Francia, país que
padeció los problemas más graves y se vio forzado a arbitrar soluciones nuevas, seguido
de EEUU e Inglaterra.
Quien libró ya casi una “guerra total” fue EEUU en 1941-45, con millones de
mujeres en los empleos de los hombres movilizados, lo que fue decisivo. Por tanto,
después de la II Guerra Mundial el patriarcado napoleónico, así como la ideología
misógina que le acompañaba, habían quedado anticuados y resultaban dañinos para el
statu quo. Algunos le dieron de lado desde el principio, como el Estado de Israel, que
incorporó a las mujeres no sólo a sus fuerzas armadas sino también a su temible
organización de inteligencia, el Mossad. El resto de los países opulentos ha ido haciendo
lo mismo paso a paso.
En los años 60 y 70 del siglo XX, además, los hombres se estaban desmoronando,
a causa de las pesadas obligaciones laborales y militares que les imponía el sistema de
dominación. Sus vidas se hicieron tan insufribles que una fracción creciente de aquéllos
se fue hundiendo en el alcohol, la apatía, las drogas, el hedonismo enfermizo y otros
males, que les hacía poco aptos para la producción y para la guerra (pensemos en la
situación creada en EEUU durante la lucha en Vietnam). Considerando que la emigración
de masas estaba en esos decenios ya bien experimentada, es posible concluir que se
daban las condiciones para la apoteosis del feminismo de Estado.
Éste adopta la forma de un producto ideológico-político al servicio de la razón de
Estado y de la clase empresarial, que partiendo de la pertinencia de derribar las viejas
limitaciones impuestas a las mujeres (meta justa, por otro lado) se propone renovar
radicalmente las fuentes de recursos humanos del sistema, incorporando del todo a las
féminas las instituciones estatales y al mercado del trabajo asalariado. Al sostener que
ello equivale a “la liberación de la mujer” se ha dotado de una mano de obra entusiasta y
dócil. Las instituciones, además, hallan un inmenso grupo humano en el que reclutar
funcionarias, militares, policías, juezas, adoctrinadoras y similares bien motivadas. Tal ha
permitido al capitalismo entrar en una fase de formidable expansión, a partir de los años
80 del siglo XX, y al ente estatal conocer una Edad Dorada. La mayor parte de los
movimientos que ascendieron en los años sesenta del siglo XX se sumaron, sin saberlo,
al magno proyecto estratégico para robustecer el poder en las sociedades de la
modernidad tardía.
Con ello el orden vigente se ha dotado de una legitimidad no demostrada, quedando
prestigiado y fortalecido porque “emancipa a las mujeres”. Pero lo que resulta no es la
liberación sino una forma de sometimiento y subordinación igual a la que padece el
varón, aunque con privilegios legales, económicos y de otros tipos importantes para las
féminas. La función de estas ventajas es, además de atraer a éstas a sus tan nuevas como
terribles obligaciones, ahondar el foso entre mujeres y hombres, para debilitar a la
sociedad política-civil, de la misma manera que el poder agudizó en fechas similares el
conflicto entre jóvenes y adultos, urbanitas y rurales y varios más.
Una contradicción inherente al feminismo de Estado es que, al mismo tiempo que
culpa al varón por los males de la mujer, exculpando a las instituciones, en la práctica
resulta ser un producto impuesto por hombres, de las clases mandantes. Por ejemplo, las
leyes sexistas actuales, que discriminan positivamente a la mujer, han sido promulgadas
por parlamentos abrumadoramente masculinos, del mismo modo que los gobiernos,
cuerpos policiales, aparatos judiciales y otros que las aplican están aún, a día de hoy,
constituidos muy mayoritariamente por hombres. De tan curiosa manera se está
constituyendo algo similar a un matriarcado de Estado o matriarcado capitalista que, por
sí mismos, son refutación de la teorías, bienintencionadas pero sin fundamento, del ala
radical del viejo feminismo de los años 60 y 70 del siglo pasado.
Sometida a una presión propagandística y publicitaria aterradora, la mujer
contemporánea (igual que el varón, en estas materias) suele vivir en la confusión, pues
observa que se la adula sin límites, se la otorgan privilegios legales y económicos
sustanciosos y se la prometen maravillas pero, al mismo tiempo, con maquiavelismo, se
la está encerrando en un atroz mundo de soledad y desamor, desexualización funcional,
represión de la maternidad, masculinización forzada, narcisismo de género, adicción al
alcohol y las drogas, docilidad política, acriticismo global, trabajo salarial incesante,
incorporación a aparatos estatales de más que dudosa condición y abandono de todo
proyecto de mutación integral del orden constituido.
De tal estado de cosas sólo se puede salir a través de la investigación de la realidad,
realizada para establecer cuál es la verdad. Dejando a un lado el ruido enloquecedor de la
propaganda institucional tanto como las infinitas teorías al respecto, es necesario
empezar por lo más básico, fijar los hechos y deducir desde ellos certezas. Es ese
esfuerzo por la verdad el que las circunstancias demandan en la hora presente como tarea
principal en los asuntos tratados. Tal tarea es de las mujeres y los hombres,
afectuosamente unidos en la refutación de los productos doctrinales institucionales,
amorosamente fusionados en la meta estratégica de aportar nuevos enfoques a estas
decisivas cuestiones. En ese quehacer ha de progresar la imprescindible reconciliación
entre los sexos, desde la comprensión mutua, el cariño y la igualdad.
A favor de ello está la realización práctica, y por tanto el desenmascaramiento y
probable descrédito del feminismo de Estado. En unos años muy poco quedará, en tanto
que creíble, de sus formulaciones cardinales, puesto que poco resta ya que no esté siendo
sometido a la crítica de la realidad. Ello sentará las bases para auto-ganar a las mujeres a
las tareas de lucha por la libertad, con superación del conformismo en que el feminismo
institucional las alecciona, vulnerando su libertad de conciencia. Sin la participación de
la mujer en los nuevos proyectos de esfuerzo y lucha por una sociedad libre, ésta nunca
se realizará.
María del Prado Esteban Diezma
Félix Rodrigo Mora
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NOTAS:
1)
Para hacer lo más concreto posible el análisis nos hemos servido, sobre todo, de una obra historiográfica
de excepcional rigor, que estudia una población promedio, “La demografía de Torrejón de Ardoz en el
siglo XVIII”, de J.M. Merino Arribas, centrado en el análisis de esa población madrileña, entonces de
1.200 habitantes, particularmente en 1751.
2)
Un trabajo de investigación reciente en un área apartada, las montañas de Albacete, en el cual una
mayoría de informantes son ancianas, se refiere al respeto y cariño con que eran tratadas las féminas en la
sociedad rural popular tradicional. Es “Mentalidad y tradición en la serranía de Yeste y de Nerpio”, Aurora
de la Peña y Juan Fc. Jordán. En ese tiempo y lugar, dejando a un lado un número muy pequeño de casos
desgraciados, las relaciones de pareja entre hombre y mujer se basaban en el amor mutuo, con equidad,
ausencia de sexismo de uno u otro tipo y mutua asistencia. Claro que esto no era así en las clases altas y
medias, particularmente en la ciudad, donde la mujer fue siendo preterida desde el siglo XIV y luego, de
forma ya rotunda, en los siglos XVIII y, sobre todo, XIX.
3)
En la sociedad moderna se ha prohibido de hecho la diferencia, pues cuando se reclama se hace siempre
como exclusión de la alteridad. Es elogiable por ello un trabajo como “De los modos, matices y las
peculiaridades: la necesaria recuperación de conceptos para quienes pretendan comprender realidades” de
Lucía Mendiondo, donde se defiende tanto la feminidad como la masculinidad como complementarios.
4 )
Citado en “Manual de folklore. La vida popular tradicional en España”, Nieves de Hoyos y Luis de
Hoyos. Éste recoge varias expresiones de la ausencia de opresión de las mujeres en el mundo rural popular
tradicional de la península Ibérica, hasta la aplicación de la legislación constitucional y liberal. Traeremos
una. Según el mito del patriarcado, entendido como realidad intemporal y abstracta, la mujer no escogía
libremente a su pareja sino que era entregada a ella por su padre, supuesto “pater familias” con poderes
omnímodos, lo que “prueba” que el matrimonio no era una relación de amor sino un acto de forzamiento, y
un infierno para ella. Eso es refutado, también, por una coplilla cántabra, recogida en aquel texto, en la que
la muchacha se dirige a su pretendiente del siguiente modo, “Vas contento porque llevas/ de mi padre la
palabra./Si no la llevas de mí,/cuenta que no llevas nada”.
5 )
La participación de las mujeres en la guerra civil de 1936-39, en el bando antifranquista, es una
consecuencia de ello. Unidades militares femeninas combatieron por última vez en la batalla de
Guadalajara, en marzo de 1937. Hay que destacar que fueron retiradas del frente y desarmadas por la
presión de Francia e Inglaterra, los países pioneros en el desarrollo del feminismo de Estado. Para esta
materia, “Guadalajara, la primera derrota del fascismo”, Olao Conforti.
6 )
Entre nosotros, un modo concreto de ello fue el repudio del “Liber Iudiciorum”, el texto fundamental del
cuerpo de leyes visigodo, promulgado en el año 654 en latín, posteriormente vertido al castellano antiguo
con el encabezamiento de “Fuero Juzgo”. Aquél fue derogado por el pueblo en la magna revolución
positiva de la Alta Edad Media, que quemó en público alguna de sus copias, si bien la institución de la
corona lo siguió utilizando para sí, pero no el pueblo. Su derogación fue un acto emancipador de la mujer,
pues el “Liber”, III, I, IV, sostiene que los hombres “deven aver poder sobre las mugieres”, formulación e
ideario inspirador fueron barridos por el derecho consuetudinario, así como su plasmación escrita, fueros y
cartas puebla, entusiastas de la libertad de las féminas, por ejemplo, el fuero de Medinaceli (Soria), de los
siglos XI-XII. Los fueros municipales resultaron también de la justa lucha contra el Islam hispano, que
hizo de la caza de decenas de miles de mujeres en los territorios del norte, para venderlas a los harenes del
Mediterráneo musulmán, uno de sus negocios fundamentales, en especial con Almanzor.
7 )
Así, una real pragmática de 1776 pretendía obligar a las jóvenes a lograr el consentimiento paterno para
casarse (señal de que éste no existía previamente). Pero esta legislación, como buena parte de la
promulgada en esa centuria sobre los asuntos más diversos, no solía aplicarse, por la debilidad e
inadecuación general del aparato institucional. Precisamente para superar este estado de cosas se realizó la
revolución liberal, a partir de la constitución de 1812.
8)
“Código Civil francés/ Code Civil. Edición bilingüe”, con estudio preliminar y notas de F.J. Andrés y A.
Núñez. En dicha introducción se encuentra un sobrio pero acertado análisis sobre cómo ese principal
documento jurídico, aún hoy en vigor en Francia, si bien muy modificado, e imitado en todo el mundo,
convierte a las mujeres en sujetos de segunda, sometidas al varón porque así lo manda el Estado.
9)
“La misión de la mujer en la sociedad. 23 de mayo 1869. Conferencias dominicales sobre la educación de
la mujer”, en la Universidad de Madrid.
10)
Una aportación pedante y cientista a la misoginia entonces oficial fue “La indigencia espiritual del sexo
femenino”, por el Doctor Roberto Novoa, 1908. El risible método con que está elaborado coincide con el
usado por los libelos del feminismo de Estado, pues uno y otros parten del odio sexista.
11 )
Estos datos, y otros de interés, en “Historia de la guerra”, John Keegan. Una descripción aterradora se
encuentra en “Mourir à Verdun”, de P. Miquel. En esta batalla, febrero de 1916, hubo 700.000 bajas. Lo
más granado de la juventud masculina alemana y francesa pereció allí. Una obra de denuncia de la
conscripción es “La contribución de sangre”, Fermín Salvochea, 1900.
12)
Un estudio de qué aconteció a estas mujeres tras 1918 es “Ellas solas. Un mundo sin hombres tras la
Gran Guerra”, Virginia Nicholson. En ese tiempo se inició el desarrollo del feminismo institucional, pues
la escasez de varones forzó a introducir modificaciones en la vida social y en la legislación, alentando que
las mujeres, por necesidad de las instituciones y de la clase empresarial, se fueran incorporando a tareas y
oficios antes masculinos. Ello ya había sucedido durante la guerra, sobre todo en Inglaterra, donde unas
700.000 ocuparon puestos de trabajo vacantes, al estar los hombres en el frente.
13)
Cierto feminismo, para velar su reaccionaria naturaleza, suele presentarse como muy radical en sus
planteamientos, pero el examen de los hechos, así como de sus contenidos y programa, suscita la duda. Por
ejemplo, “Cartas a una idiota española”, de Lidia Falcón, conoció dos ediciones legales bajo el franquismo,
pues el cambio en las circunstancias demandaba dar un viraje a la política estatal para la mujer,
abandonando enfoques desfasados y yendo hacia los planteamientos feministas. Por lo demás, en el título
mismo conocemos lo que a aquella ideología le parecía la mujer de la época, una “idiota”. Ello avala el
argumento de que tal es, también, una forma de misoginia, de desprecio y odio a la mujer real (se comienza
aborreciendo a los hombres y se culmina odiándolo todo, menos el poder y el dinero), asunto perceptible en
la obra de Simone de Beauvoir.
14)
“Sexo y sociedad en la Alemania nazi”, Hans Peter Bleuel. El libro aporta además información sobre el
respaldo activo de grandes masas de mujeres al nacional-socialismo. Este régimen, al final de la guerra, las
incorporó a sus ejércitos, de manera que hubo féminas combatiendo en las unidades de carros de combate y
en la infantería de las SS. Estos y otros muchos datos han de ser tenidos en cuenta para reevaluar la teoría
del patriarcado desde la experiencia.
15)
En “La voluntad de creer” .
16 )
Esta concepción se expone, sobre todo, en el libro de Betty Friedan, “La mística de la feminidad”, que
publicado en 1963, presenta la condición del ama de casa de la clase media norteamericana y su malestar
existencial como producto de la vida hogareña, y define el trabajo remunerado como la salida necesaria a
esa situación.
17 )
El proyecto de desarrollismo económico del franquismo ha sido el primer momento de un complejo
proceso de ascenso de España como potencia mundial. Esto no hubiera sido posible sin la incorporación
masiva de las féminas al trabajo como mano de obra. Un análisis de interés sobre todo ello se puede
encontrar en “El auge de la empresa multinacional española”, Mauro F. Guillén.
18)
Desde 1930 a 1970 se incorporaron al trabajo asalariado un millón doscientas mil mujeres, lo hicieron
principalmente bajo el régimen de Franco “La España de Franco (1939-1975). Política y sociedad” E.
Moradiellas.
19)
“El feminismo de Estado en España: el Instituto de la Mujer (1983-2003)”, Celia Valiente Fernández.
Llamado también feminismo institucional, el concepto se crea en los países más desarrollados desde los
años 70. Los “organismos de igualdad” incorporaron los objetivos y las personas de casi todo el
movimiento feminista a las instituciones estatales.
20)
En un despliegue muy similar al de la Sección Femenina en los años del franquismo, las “agentes de
igualdad” han llegado en los últimos decenios a ciudades grandes y pequeñas, barrios, pueblos y aldeas,
sumando su acción, muy eficaz porque se produce en el ámbito de la comunicación personal, a la que se
desarrollaba a través del cine, la televisión, la radio, la prensa, las novelas, las revistas y similares.
21)
Un libro útil para ello es “De la servidumbre al contrato de trabajo”, M. Alonso Ojea.
22)
Ahonda en esta cuestión Harry Braverman, en “Trabajo y capital monopolista. La degradación del trabajo
en el siglo XX”, una de las obras más decisivas de la pasada centuria. En él se prueba que el trabajo
asalariado contemporáneo es causa de embrutecimiento máximo, personal y colectivo, hasta la creación de seres subhumanos. E. F. Schumacher, en “Lo pequeño es hermoso”, dice que el trabajo asalariado y
maquinizado “destruye el alma”, aseveración que se hace hoy real en millones de personas, hombres y
mujeres.
23)
Entre 1985 y 1990 el número de adultos que tenían servicio doméstico en sus hogares creció del 15% al
26% y su incremento ha sido mayor en los años siguientes, en “El trabajo doméstico nueva frontera para la
igualdad” Marina Subirats.
24)
Simone de Beauvoir, en “El segundo sexo”, dice que las mujeres “encierran dentro de sí un elemento
hostil, la especie, que las roe” y apostilla que “la gestación es un trabajo fatigoso que no ofrece a la mujer
ningún beneficio individual (sic)”, pensamiento monstruoso que es mera ideología de extrema derecha y un
atentado a los fundamentos de la condición humana, cuyo propósito es la defensa a la desesperada de los
intereses estratégicos de la gran burguesía y del ente estatal galos, en unas circunstancias históricas bien
peculiares, de las que algo se expuso en una sección anterior.
25)
El País 9-01-2001 “El precio de un hijo”, Josune Aguinaga. Con seguridad la persona que esto escribe
no ha tenido nunca contacto con un bebé y no ha podido vivir y apreciar la capacidad afectiva,
comunicativa, relacional e intelectual que desarrolla el ser humano desde su nacimiento. Si así es, no
debería atreverse a componer frases tan rotundas como pérfidas.
26)
La iglesia católica, cuyos clérigos y fieles menguan sin cesar, hasta ser hoy una fracción bastante
reducida de la sociedad española, se limita a hacer algunas frases abstractas y demagógicas al respecto, sin
entrar en las causas políticas y económicas que prohíben de hecho a las mujeres ser madres. Además, la natalidad entre los católicos arroja cifras no muy superiores a la de la población general. El PP, al que la
progresía supone representante de la ideología “rancia y tradicionalista”, es tan antinatalista como la
izquierda. Veamos algunas muestras de ello. En un cartel electoral de “la derecha” aparece una familia con
un solo hijo; como partido no apoyó la gran manifestación contra el aborto en Madrid en 2008 y en lo
programático y práctico su respaldo efectivo a la natalidad es nulo. Ello evidencia que, más allá de algún
gesto retórico y vacío, dirigido a embaucar a una parte del electorado, estos asuntos se rigen por el riguroso
consenso entre derecha e izquierda que ha presidido siempre las grandes cuestiones de Estado. En estos
asuntos la ideología no cuenta, sólo los intereses estratégicos. Así, J.T. Patterson, en “El gigante inquieto.
Estados Unidos de Nixon a G.W. Bush”, expone que ningún presidente de ese país, en los últimos
decenios, por muy conservador que se hubiera previamente declarado, se ha opuesto a la política antinatalista
y pro-aborto que demandan a toda costa las elites mandantes.
27)
En “Sexo y Destino”, de Germaine Greer, se cita un libro de texto para médicos que presenta la
necesidad de tener hijos como una expresión de la inseguridad personal y falta de autoestima peculiar de
las mujeres. Que tal aseveración aparezca en un volumen de esa naturaleza garantiza que miles de médicos
difundirán esa idea entre sus pacientes. Muchos “estudios sociológicos” que propaga el Instituto de la
Mujer abundan en lo mismo, con “conclusiones” manipuladoras que vinculan una mayor fertilidad a un
menor nivel cultural. En 2005 una asociación de familias numerosas denunció que El Corte Inglés les daba
un trato vejatorio en un catálogo de venta, calificando de “coneja” a una madre de cuatro hijos.
28 )
La encuesta de fecundidad de 1999 (1998 fue el año de caída máxima del índice de natalidad) planteaba
que muchas mujeres y hombres querrían tener hijos y no los tienen o los tienen más tarde de lo que
desearían. Esto es una muestra más de cómo son negadas las libertades esenciales en la sociedad de la
modernidad, totalitaria como ninguna otra.
29) “Determinantes sociales de la interrupción del embarazo en España” Margarita Delgado y Laura Barrios.
30)
Se ha de observar que tales ideas han sido llevadas a la sociedad por múltiples medios, sesudos libros,
folletos, octavillas, conferencias, series televisivas, películas, radio y teatro, sin olvidar el aparato
educativo. Un caso singular es el panfleto de Carlo Fabretti, “Contra el amor”, porque condensa las
posiciones que, desde cierta radicalidad extraviada, se quieren hacer pasar por subversoras del orden
establecido, sin serlo. La crítica de la moral cristiano-burguesa, que fue la dominante en el pasado, se hace
a favor de la estatal-burguesa, la actual. Se vitupera el amor romántico para defender el egocentrismo, el
odio de unos a otros y un solipsismo sin límites, lo que no es sino un modo de preconizar la ideología ahora
ortodoxa y dominante, asentada en Hobbes y Nietzsche, a saber, la guerra de todos contra todos, de la que
la “guerra de los sexos” es una parte.
31 )
Admitiendo que el fenómeno de la emigración a las ciudades se produjo por imposición del Estado, tal
como es presentado en “Naturaleza, ruralidad y civilización”, de F. Rodrigo Mora, no se puede obviar la
parte de responsabilidad que corresponde a una buena porción del colectivo de las féminas en ello, pues es
sabido que “muchas mujeres rurales eran las que iniciaban, diseñaban y apoyaban las estrategias
migratorias propias y de otros miembros de la familia”, en “Emigración y trayectorias sociales femeninas”,
“Historia Social” nº 17, Cristina Borderías.
32)
Christopher Lasch, “Refugio en un mundo despiadado. La familia en el mundo contemporáneo”.
33)
La maestra de tal artificio es Simone de Beauvoir, pues en “El Segundo sexo” hace apología de “la
voluntad macho de expansión y dominación” y deplora la falta de agresividad de las mujeres pues “la
violencia es la prueba auténtica de la adhesión de cada cual a sí mismo, a sus pasiones, a su propia
voluntad”, pensamiento que no puede ser calificado sino de nietzscheano y misógino, propio de los
matones nazis de cervecería, a quienes admira, pues los considera los portadores de la libertad auténtica.
Lo mismo hace con Sade, al que dedica un panegírico, saltando por encima de que preconiza la violencia,
en sus formas más terribles, contra las mujeres. De la amoralidad de aquélla autora dice bastante que,
aunque por motivos de prestigio y medro, se presentó como perteneciente a la Resistencia contra el
nazismo, ello es desmentido por el bien documentado libro “Une si douce occupation… Simone de
Beauvoir y J.P. Sartre 1940-1944” Gilbert Joseph.
34)
Puesto que sólo las visiones no especializadas permiten comprender cada expresión de la realidad
particular, texto útil para el asunto considerado es “La juventud domesticada. Cómo la cultura juvenil se
convirtió en simulacro”, de D.P. Montesinos. Dado que el programa máximo del feminismo de Estado ya
está casi por completo cumplido, se acerca el momento de que las instituciones dejen caer a las mujeres,
como hicieron no hace mucho con los jóvenes, tras decenios de adulación, promoción del victimismo y
otorgamiento de privilegios.
35)
Inquietante es la sentencia de la audiencia de Barcelona, en agosto de 2009, en la que condena a dos años
de cárcel a una mujer que mató a su pareja masculina, considerando atenuante el “desorden emocional” que
le produjo el que él la hubiera llamado “gorda”. De haber sido un hombre el agresor no habrían servido
tales sutilezas. Dicha sentencia otorga patente de corso a ciertas mujeres para quitar la vida casi
impunemente a varones, a costa de unos cuantos meses de reclusión.
36)
Recusable resulta ser la existencia del ministerio de Igualdad, que, emulando al ministerio de la Verdad
orwelliano diseña e impone la vida interior de los ciudadanos, lo que han de pensar y han de sentir. La
creación de un teléfono, que la ministra define como un instrumento para “ayudar” a los hombres a
rediseñar su masculinidad, es un acto de poder tiránico muy de nuestro tiempo.
37 )
Aislamiento que es celebrado por algunas figuras más cercanas a la farándula que a la intelectualidad,
como Carmen Alborch que en su libro “Solas” hace una apología de las independientes solitarias. En una
serie demoledora publica después “Malas” y tras él “Libres”, una trilogía que está marcando de forma
dramática la vida de miles de mujeres y, por tanto, de hombres. Claro que una oligarca y ex-ministra
nunca está sola, pues vive en un mundo de criadas y criados. Únicamente quedan solas, por tanto
vulnerables y desamparadas, aquéllas que se toman en serio las atrocidades vertidas en tales textos. Sobre
los sofismas de “Malas”, la mejor refutación es la que proporciona Hannah Arendt, quien argumenta,
citando a Maquiavelo, que el triunfo de la razón de Estado exige que los seres humanos sean adoctrinados
en la maldad. Tildar de “Libres” a las féminas que están siendo convertidas en propiedad exclusiva del
entre estatal y la clase empresarial es, desde luego, inapropiado.
38 )
“La incorporación de las mujeres a las Fuerzas Armadas: el caso español y su percepción pública en
perspectiva comparada”, Angustias Hombrados, José A. Olmeda, Consuelo del Val.
39)
Idem. El otro recurso decisivo para el reclutamiento han sido los inmigrantes. Mujeres e inmigrantes
son el futuro de la institución, sin duda.
40)
“Revista Española de Defensa”, nº 248. Enero 2009.
41)
“Revista Española de Defensa”, nº 228. Marzo 2007. Difícilmente puede lograrse una expresión fáctica y
simbólica mejor de la fusión entre feminismo de Estado y militarismo.